Sunday, October 25, 2009

No es amor de Patricia Kolesnicov, Argentina



Para su cumpleaños de 60, papá se armó una fiesta

donde se encontraría todo el mundo. Un poco era

una excusa: se venían las elecciones y no estaba mal contar

porotos. Y yo tenía que estar, por supuesto, todos teníamos

que estar en la foto. “Que venga tu amiga la

política”, me dijo. “Como amiga, no como periodista.”

Cómo no, Florencia vino socarrona, a presenciar

cómo era que yo trabajaba de florero, cómo decoraba

los eventos diplomáticos de papá, con cuánta sonrisa me

ganaba mi sueldo de hija. Vino bastante elegante, también;

después de todo estaba en su salsa. Estaban invitados

sus jefes, no estoy segura de que papá le haya hecho

un favor cuando la tomó del hombro, le secreteó, paseó

con ella, se paró frente al director de su revista y se quejó

de haberla perdido a manos de ellos. Yo la miraba de

lejos; era simpática pero sobre todo era medida, estaba

extraordinariamente sobria; pasaron las copas frente a

sus narices y ella no abandonó el juguito de pomelo.

Yo no charlaba con nadie, era la anfitriona, recorría

los grupos, me preocupaba —era un gesto, nada concreto—

por su comodidad, me quedaba junto a Gustavo,

para tomar parte del besamanos protocolar. Cada tanto

Florencia y yo cruzábamos las miradas y ella se burlaba

de mí; ella sí tenía cosas que hacer ahí —como periodista,

no como amiga— y las hacía como de oficio. Hacía

calor, los últimos calores del año, estábamos alrededor

de la pileta pero nadie podía meterse. De repente, tuve

una idea loca:

—Vámonos a tu casa.

Creo que se escuchó el frenazo en el corazón de

Florencia.

—Vos te tenés que quedar hasta el final.

—Me quiero meter en la Pelopincho.



Los caprichos son lo mejor que tiene la gente y en

este tiempo María es cuadro de honor de un curso

Ilvem al respecto. Pero yo no soy la hija del millonario

y no pienso arruinar mi vínculo con él, así que la

joven tiene que esperar, inventar una excusa, armar una

salida elegante. En el coche me río, hablo, trato de que

no se note lo nerviosa que estoy.

El agua de la Pelopincho está tibia, es un caldito.

Ahí, en esos 50 centímetros de profundidad, se sumerge

María Gabay, en bombacha. Se cuelga con los brazos,

apoya la cabeza en el triangulito naranja. Yo me quedo

afuera, me hago —ahora sí— un fernet, me siento en una

silla de plástico, con los pies sobre el caño de la pileta.

Miro el cielo.

María se incorpora para salir:

—¿Me prestás una remera?

Entro a la casa —siguen en vigor todos los pactos—;

salgo con una remera blanca lisa (ella todavía está

parada en la pileta); se la extiendo.

—Estoy mojada.

Ay, María, sos una hija de puta, cuál puede ser la siguiente

línea de diálogo sino:

—Y yo, ni te imaginás.

Pero no, yo dije que sí cuando ella ¿propuso? que

hasta acá, así que como me parece que se me va a ver la

respuesta en la cara, bajo los ojos, busco la salida de emergencia,

vuelvo con una toalla, se la ofrezco sin mirarla.

—Flor.

No es el vocativo lo que formula la invitación, es lo

inadecuado del vocativo; es mi nombre en un momento

en que no hay para qué decirlo lo que denuncia que hay

que entender algo; ese “Flor” no se responde con palabras;

no se le pregunta nada a esa chica que ya ha salido

de la pileta, que tira a la baldosa la toalla que traje y se

sienta sobre ella.

—Estoy mojada.

Me siento detrás de María. Le barro el omóplato

con la mano.

—No tanto —le digo.

María se hace una cola con el pelo, pasa los dedos

por ella como un anillo, escurre el pelo sobre la espalda.

No me calienta su desnudez, sí que me la ofrezca. No

sus tetas, sí el agua que con toda intención sigue la línea

de la columna. Con la boca ¿bebo? una gotita, otra gotita,

las gotas de la espalda, las gotas de un hombro, las

gotitas del cuello. María se acuesta con las manos hacia

atrás y voy despacio, lamiéndola ya, lamiéndole todo el

tramo desde la axila hasta la cadera, demorándome un

rato en la cintura.

Se podría decir que María se retuerce y sería cierto

pero exagerado. María se retuerce en grado 0,1; una contorsión

minimalista.

135







Buenos Aires, te odio las noches de caminata obsesionada

por el Bajo. Todos los lugares me resultan

incómodos, me siento vaciada. Envidio a los

marineros que están lejos de todo y les gustan las putas,

cualquier puta. Abrazarse a Mary, Peggy, Betty y Julie y

salir a cantar a cubierta, llena de alcohol de quemar. Me

siento hermana de estos marineros del Este que leen en

los kioscos que no hay más muro y andan como sin brújula

por San Martín, por Reconquista. Naufrago en Corrientes

y recorro librerías cargadas de ofertas. Pero a mi

noche no la mata ningún sol.




El más grande odio.

Como me odio el amor, me odio el odio.




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Thursday, June 11, 2009

Lanzmiento El libro del componedor, Marina Arrate


El componedor de formas

Pilar Errázuriz V. Mayo 2009

De no ser un recorrido onírico, solo puede ser poesía. El viaje que nos propone Marina Arrate por los meandros del inconsciente tiene una impronta sensual que da cuenta de las pasiones, los dolores, los abismos y los desiertos floridos en que se debate nuestro afán amoroso. Sus imágenes convocan las aventuras y desventuras del deseo. De pronto bucólicas y apacibles, luego voluptuosas y eróticas, por momento feroces y carnales. La impronta bíblica convive con el principio de no contradicción que caracteriza la otra escena del inconsciente: la leona se torna gacela, del gladiolo florece un lagarto. Todo ello lo orquesta un sujeto escindido pero no por ello menos coherente: la mujer vieja, la poeta, la leona y, finalmente, El Componedor de Formas. Solo que la poeta y la mujer vieja saben más de la vida que el componedor de formas aunque sea de aquel la voz que emerge desde los parajes insondables de la sabiduría milenaria. Una amiga, psicoanalista argentina, acuñó un término lapidario acerca de la compulsión que nos hace siempre tropezar en la misma piedra y desaparecer en la misma grieta: le llamó “el depredador interno”. El depredador sería el responsable de que la pulsión de muerte se burle del sujeto haciéndolo trasuntar de objeto en objeto como si al fin fuera lo que nunca habrá de ser. Al depredador interno, Arrate le contrapone su gemelo femenino: el Componedor de Formas. Hermafroditismo superyoico que por su vertiente de padre castigador (el depredador) nos azota con las plagas de Egipto y por su feminidad (el componedor) nos ofrece El Cantar de los Cantares. El Componedor de Formas está ahí, para bordar las historias en colores estelares y jugar con metales preciosos. Puntada a puntada, al igual que las metáforas y metonimias del poemario, al modo de los mecanismos del sueño y del inconsciente, el componedor inserta en una tela procedente de latitudes lejanas, la historia del deseo tejida con hilo de oro y plata de alta acuñación. El componedor borda el destino del deseo con apariencia de testigo de la escena. Es verdad que no podrá vencer al Depredador, para quien la compulsión a la repetición es su elixir preferido. Sin embargo, el Componedor acompaña al sujeto, a la sujeto, en su peregrinación por el paraíso, en su descenso al infierno. Borda el deslizante existir del deseo, su escabroso proceder, el goce y el dolor por donde nos lleva su viaje iniciático. En la antigüedad se llamaba terapeuta a aquel que acompañaba a los judíos migrantes con el fin de animarlos en su travesía por el desierto y de mostrarles los peligros del camino. Así, el Componedor se pasea en la jungla junto a la poeta, a la leona y a la mujer vieja, sorteando una fauna salvaje y una flora exuberante, recolectando aquí y allá las madejas de seda de colores que usará para su bordado. No solo borda en las telas exóticas imágenes de relatos sin retorno sino que teje palabras sabias que las susurra la poeta. En su papel de gemelo femenino del padre, que no una madre, sino un atento vigilante de las piruetas del objeto de amor subrepticio, el Componedor acompaña las tribulaciones gozosas de las máquinas deseantes. Es muy cierto que el girasol negro es como un sol negro. El negro sol de la melancolía que precede al desamor. Ribetes negros que anuncian la fatalidad de la respuesta del fantasma. Mientras flamencos rosados y juncos verdes mecidos por el viento distraen la atención, y las margaritas y alhelíes saludan seductores, el Componedor no descansa en su tejido y en su bordado, en fabricar la malla que cubrirá a la poeta, a la leona, a la vieja mujer para cobijarlas luego de la contienda. Femenino él, sabe de mallas, de telas, de tejidos, de tramas burdas y finas. También sabe de contiendas. Radiografía de las pasiones, las imágenes que evoca Arrate, tocan lo universal del deseo y venciendo la censura de la represión a través del estrecho túnel logrado por la poeta, la leona y la mujer vieja, nos enseñan los misterios del sujeto. La carrera desenfrenada tras el fantasma, la voracidad y el repliegue, el recato y la osadía, el rodeo abismal del goce que hace de cada copia el original que nunca fue. Las palabras de Arrate construyen un desfiladero cautivante que nos precipita a las bambalinas virgilianas del escenario oculto en el cual se dirimen el amor y el desamor, el encuentro y la orfandad, los cuerpos y su ausencia. Freud asegura que la fantasía del poeta sucede simultáneamente en tres tiempos: el pretérito, el presente y el futuro. Dice el Maestro que estos tres tiempos aparecen como engarzados en el hilo del deseo que pasa a través de ellos1. Estas son las coordenadas en que se inscribe el poemario de Marina Arrate: la vivencia estética de recorrer el desfiladero de sus palabras, la evocación de las imágenes exuberantes y sugestivas, el conocimiento del pasado y la sospecha del devenir. Valiente panóptica aquella de la poeta con su conocer del inconsciente. No titubea frente a la arremetida fantasmática de la copia sin original, aún cuando el Componedor lo sabe, y ella también. Leona y mujer vieja se engarzarán en un juego de sabidurías, sensual la una, silenciosa la otra, para acompañar a la poeta en su diálogo con el Componedor. Podemos vislumbrar instancias freudianas en un cocktail inextricable de interacciones: el yo que otrora fuera el ello, el ello que persiste en el yo, el superyo vigilante, y el Depredador que, implacable, repite la acción mortuoria al infinito. Y, hete aquí, que el Componedor de Formas no pierde el tiempo. Aferrado a la estela que deja el paso arrasador de la pulsión de muerte, borda y teje con las hilachas de la selva, recordando a la leona, admirando a la gacela, dialogando con la poeta, para situar su mirada femenina entremedio de tanta pirueta suicida. Es el terapeuta (¿la terapeuta?) que acompaña la travesía por los campos chamuscados por el deseo y la pasión, buscando la huella que conduzca a un lugar a salvo. Es el socio de la cordura que con voz lánguida, evanescente y apenas audible trata de abrirse paso entre rugidos y tempestades. La voz no se oye. Por ende, el Componedor borda, borda y exhibe su bordado: escenas que dan cuenta del viaje pasional. Qué mejor terapeuta que el Componedor de Formas, quien mejor para acompañar al sujeto en los avatares del deseo. La poeta, su transcriptora; la mujer vieja es quien descifra; la leona da cuenta de la verdad. Marina Arrate, terapeuta ella, compone la gama que traduce el bordado del inconsciente. El poemario da cuenta de ello cuando en el espejo que construyen las palabras se repiten, en clave de eco y narciso, nuestros lamentos y nuestros goces ocultos y negados. Sutil recorrido especular que nos refleja los escabrosos pliegues de nuestro deseo. Reconocimiento o negación, el Componedor sabe, el terapeuta /la terapeuta saben, la poeta sabe. Y no podemos, a esta altura de la reflexión, referirnos a un sujeto escindido, sino a un sujeto multifacético: la leona es al deseo como la mujer vieja a la sabiduría. La poeta es al susurro como el Componedor al bordado. El conjunto constituye sociedad. Grupo congruente que con su muestra estética de relación con lo consciente nos ayuda en la peregrinación por nuestro desierto florido y nuestro abismo rocalloso. Cuánto sabe el Componedor, cuánto sabe la poeta, cuánto saben él y la terapeuta acerca de la dinámica del sujeto sujetado del inconsciente: del sujeto de deseo. Ojala pudiera quien sufre de amores y desamores abandonarse en su jungla exuberante. Ojala los incrédulos de lo inexorable recorrieran sus parajes. Ojala los escépticos vislumbraran las ventanas de la otra escena. El desfiladero de Arrate conduce, ciertamente, a un lugar. A cada quien de encontrarlo. Pilar Errázuriz V. Santiago, Mayo, 2009.




El libro del componedor (Marina Arrate, Libros de la Elipse, 2008)

Fernanda Moraga
Doctora © en Literatura


El Libro del componedor que nos entrega Marina Arrate, nos introduce, ya desde la portada, tanto a un enfoque como a una fuga visual que se adentra hacia caminos rizomáticos que alimentan lo “prohibido”. Es un espacio que se emplaza en los tejidos (des)bordados que van trenzando la orilla de una palabra secreta, la que resuena detrás del silencio, un silencio que está colmado de “majestuosos sonidos” (1). Un enfoque que se distiende tragándose la mirada hasta convertirla en la lectura de un lenguaje sensualmente plástico, a través de una voluptuosa dimensión vinculante de colores, tactos, olores y cuerpos de una animala naturaleza. Luego de este inaugural enfoque que nos entrega la poeta, la mirada se hace translúcida para recibir una disposición textual que va componiéndose de escenas que se entrelazan de manera tal, que siempre dan origen a nuevos descentramientos. En este sentido, surge a la vista del ojo que lee y del ojo leído (el de la sujeto de los poemas), una escritura curva, tanto en la construcción temporal y espacial del relato poético, como en la sinuosidad de las subjetividades del texto. Así, surgen de inmediato las interrogantes de una yo poética, las que dan origen no sólo al movimiento de un ciclo dentro de otro (el atardecer, el amanecer, la primavera, el otoño, el día y la noche), sino que también dan cuenta de una subjetividad derramada en experiencia dentro de aquel cíclico emplazamiento escritural : “¿Quién tañe agudos sonidos al interior de mi corazón, como si fuera llamada la aguja penetrante, en este soliloquio endemoniado de la alta altura, zorros de la estepa, y yo, hambre y majestuosos sonidos?” (1).

Este escenario se abre hacia una lectura de bordes, es decir, se sigue el surco que va trazando el bosquejo de cierta naturaleza intencionada que lleva hacia los pliegues, repliegues y despliegues de formas y contornos desde donde se asoma y se extravía el secreto que guía la lectura. Un secreto más bien profundo que oculto, puesto que es el ojo de la sujeto poética el que observa insaciablemente, escena entre escena para decir y significar, desde dentro de ellas, los secretos de una intensa fuga de la estructura lineal de la cultura. Por eso, para Marina Arrate es el ojo inquieto el espacio circular fundamental que se desdobla de diferentes maneras para ver, tocar y oler lo confidencial. La autora nos dibuja entonces en su escritura, el ojo-fuga necesario por donde se quiebra la cadena recta del tiempo porque sucede “Todo arcaico en un segundo” (3). El fundamento temporal se rompe y el secreto escapa para travestirse ya que “cada apariencia se deshizo”. La apariencia de lo desconocido, de la simulación de lo no visible estalla y la sujeto de los textos bebe del secreto. Así, se da inicio al ritual, donde lo íntimo es el brebaje amorosamente obsceno que va señalando la huella en espiral de una yo poética subjetivada siempre en exploración sensorial, que se construye en diferentes y diversas direcciones que no se deslizan paralelas, sino que se continúan unas en otras dando origen a la ondulación del tejido poético del libro. Uno de estos trazados, es la memoria que se distiende como espacio corporal necesario para develar el secreto “Recuerda, cuerpo, recuerda”, dice la sujeto (7)

Otra simbolización que se hilvana en el texto, es la borradura de las antonimias, por medio de las transformaciones vinculantes entre los diferentes cuerpos. Por lo mismo, la extensión del secreto incesantemente está bordándose en los cruces, en las mixturas que calan el continúo, obligándolo a diluirse: “…nos transformamos alternativamente en el gran venado y su gacela, y en la gran gacela con su venado. Más tarde, las flores aún expelían su secreta fragancia” (10). De este modo, el secreto es el tejido de los bordes que lleva a otros bordes, es la espiral misteriosa y sinuosa que nos hace entrar sinestésicamente a los resabios de lo que, en apariencia, se oculta, pero que insistentemente se hace visible: “Detrás de la oreja es el secreto. En la comisura de los labios. Al borde” (11). La escritura de Marina Arrate, nos explicita que el secreto está en el borde, pero el borde no comienza en un lugar exacto, siempre es sugerencia de encuentro y descubrimiento de una visibilidad escurridiza que no se deja afectar por la captura. Siempre al borde ¿al borde de qué?, pregunta inútil, porque se nos invita a seguir la orilla que traza y destraza permanentemente un sendero siempre en movimientos excéntricos, concéntricos y descentrados. De aquí que se reafirma (a través de la voz de la poeta que surge en el texto), el espacio de la ambigüedad como lugar posible: “¿A quién ama el ciervo en la llanura? ¿A la leona desatada que desgarrará su yugular y comerá de su carne o a la cierva que lo mira con ojos de terciopelo? / Pero por primera vez, intervino la poeta y dijo: A ambas, componedor de formas, a ambas” (13)

Asimismo, la figura del componedor también habita dentro del cuerpo-territorio de la sujeto, debido a que poco a poco la protagonista de los poemas se va distendiendo ante la lectura como un espacio contenedor. Cuerpo que contiene, pero al mismo tiempo es trenzado por sus propios contenidos de esquinas disueltas: “He quedado observando mi vestido. Con sorpresa veo como si la flora se moviera al interior del género. / Son juncos y se mecen en el viento. Por entre ellos aparece el componedor silbando con alegría. Me señala, sabiendo claramente que lo observo….” (19)

La representación del Componedor de formas, es sustancial en la composición de los cuadros que exponen el secreto, porque surge como la clave precisa desde donde se desata la contextura del secreto y de las escenas corporales que lo contienen. El componedor atraviesa todo el texto, siguiendo los mismos movimientos ondulantes y de travestismos de toda la escritura. El componedor borda la huella del margen y al mismo tiempo es el borde. Se enfatiza así, la pluralización del cuerpo que hace y rehace para que brote la exuberancia de lo que siempre ha estado ahí, pero que no se ve, no se toca ni se huele.

Pero además, esta escritura de Marina Arrate desata otros pliegues que van señalando silenciosamente la señal de una tragedia que se va esbozando intermitentemente por entre las diferentes y entrelazadas escenas del cuerpo textual. En este lugar, la enunciación de los poemas hurga dentro de un intersticio por donde el ojo “retorna y se distancia” para visualizar la fragmentación de la memoria y de la experiencia. Es decir, la mirada se desplaza hacia el empalme de los cuerpos cercados (“Era un cuarto miserable” ), espacio por donde se filtra inevitablemente la muerte, la que se instala en el lugar del secreto con un doblez en su significación. Por un lado, se transfigura en el brebaje venenoso y por otro lado, se emana a través de la comisura de los labios: “En otra escena, la amada bebe un líquido venenoso. Con el rostro lívido, veo correr un hilillo de sangre por su boca.” (21).

De esta manera, el poemario se abre como un tejido fascinante de símbolos y materias que se recorren como un mosaico de múltiples haces, a partir de elementos que se expanden en espiral hasta el final del texto El movimiento dentro de los poemas se trasluce en vibración de un lenguaje elusivo que jamás se detiene en sí mismo y que fluye en perpetua transmutación situando subjetividades que responden de la misma manera. Es decir, corresponden a marcas rizomáticas de un territorio corporal y de símbolos que se concatenan y enriquecen mutuamente para desatar aleaciones que exigen una lectura siempre hacia dentro de cada escena y también, siempre dirigida por el ojo observador de la sujeto poética. De este modo, se ingresa a imágenes y pulsiones de un lenguaje que no da tregua, pero que al mismo tiempo, sumerge en las corrientes profundas de la sensualidad que se desata en el lugar de una fuga de lo prohibido: el secreto. Todo el libro es la composición de las formas de la huella secreta que se observa, que se transfigura, que se traviste y que se deshace: “¿cómo mantiene su forma aquello que transita?” (7).

En este sentido, el cuerpo implícitamente femenino y masculino de la enunciación, el Componedor de formas, el borde como cuerpo y como piel y la composición como sustento necesario de la fuga, corresponden a espacios engendradores y matrices de este poemario. Además, entre estas corpografías del margen, se desarrolla el territorio de centros evasivos, de bordes en que se da la transfiguración ordenadora de una fuga de la prohibición en el espacio ancestral y actual. El poemario de Marina Arrate traza una legítima señal de lo tachado, realizando una rúbrica propia, donde el deseo y la creación (no la recreación) de lo invisibilizado, se manifiesta en múltiples direcciones. Pluralidad significada a través de una permanente polinización erótica de cuerpos de una naturaleza que se sabe secreta, prohibida y legítima. Las escenas del texto, se develan como un singular viaje sensorial-corporal hacia ranuras conmocionadas de lo abyecto de la cultura, tanto en el lugar del cuerpo, del tiempo y de la memoria, como en el lugar de la voluntad de la sujeto que hilvana en los poemas.

En este texto no hay centro en su sentido clásico, sino ramificaciones, rodeos, lindes, márgenes, desprendimientos, dudas, realidades ocultas y reales. Lugares que para los cuerpos escriturales de la poeta, siempre están tejiendo bordes dialógicos que se contienen unos a otros, a modo de complicidad y de conciencia de legitimidad. Desde esta perspectiva, se desata, especialmente por un lado, la subversión a verdades inmutables y por otro lado, una postura sensualmente lúdica para decir sin decir completamente y de esta manera provocar la celebración de ciertos bordes de la experiencia.

Si se sigue la secuencia de presentaciones, el texto despliega una representación espiral de continuidades relativas al espacio no del margen, sino de un margen que fundamentalmente se borda como territorio en deseo, un ‘lugar del placer’ que se configura también como territorio de interrogaciones y distancias. En este lugar del placer, se produce el contacto de la experiencia erótica por entre una naturaleza-animala-humana, la que no se teje como panacea del imaginario, sino que se compone de problematizaciones que se generan tanto en los espacios de escenificación, como en la misma sujeto poética. A partir de aquí, se desnuda (en el sentido plural de que se ‘descubre’ y se ‘desanuda’) en la escritura de Marina Arrate, un intenso propósito de hacer surgir el lugar de la muerte. Zona siempre simbolizada como posibilidad “real” y como construcción de la memoria, visualizando el encierro como cinturón de la miseria de la experiencia, la que es también experiencia de la sujeto del texto.

Sin duda, el texto de Marina Arrate se teje y desteje a manera de composición de formas visuales de la subjetividad, dentro de una escritura poética que realiza el espejeo de una experiencia problematizada. Es un escenario múltiple, que se va armando a través de la reconstrucción de imaginarios de la fuga y que confluyen y se desbordan en la última imagen de sus poemas: “A lo lejos, explosiones se desatan como turbas. En el cielo luchan las colas de cometas. Se ramifican por la bóveda como eléctricos tejidos de arañas / Cuando ella se levanta ya es su doble / ardiendo en el reflejo del estanque.”


Leído en la presentación del libro el día 15 de Mayo de 2009, en la sala de El Observatorio de Chile.


Sunday, June 07, 2009

El Margen del cuerpo, Florencia Smiths



Presentar este poema, breve y compacto requiere ponernos en contacto con dos significantes de larga trayectoria: margen, por un lado; cuerpo, por otra. ¿Qué hacen reunirse las palabras, los juegos de la escritura, quiénes son los que enuncian en este texto?. Finalmente, ¿cómo se produce esta conjunción, este misterioso hilo en El margen del cuerpo?

El margen recorta la historia de la cultura misma latinoamericana. Es el lugar del subalterno, del indio, de la provincia, la sede mismo de lo postergado, lo fuera del canon y por ello, excéntrico. Desde la modernidad hasta la llegada de las vanguardias, la literatura latinoamericana, ha estado siempre habitada, de manera nuclear en Chile y de manera sustancial en toda América Latina, por la otredad. Era urgente extremar los recursos para representar el otro, para hacerlo vivir no fuera del texto, sino como lenguaje, como efecto de sentido, como verdad representacional.

Con la llegada de la posmodernidad, este dilema cambia de eje: el otro debe contar su propia historia, el margen ya no es representable, no es el eco ni el semantema que cruza la narrativa ni el poema; el otro no requiere de portadores, él mismo se hace cargo de su historia. El posmodernismo, de manera crucial pone en duda la verdad de la representación, en tanto cuestiona la capacidad misma de representar. Es el fin del macrorrelato y el inicio de dos tipos de textos en América Latina: el testimonio, el relato de quien ha visto y vivido una suma de hechos a los que concatena desde diversos sentidos, el testigo y escriba de esos hechos; y la alegoría, la relación de una historia ficticia que metaforiza otras historias de sentido análogo al que se cree percibir en la historia contada.

Por otra parte, el cuerpo emerge con fuerza, tanto en la literatura como en la plástica. El cuerpo surge desde la llegada de Freud, como sede de la psiquis, como el lugar de manifestación no sólo de una vida orgánica sino también de una escritura de la mente, el cuerpo va a tener un lenguaje, una forma,cuyos movimientos, gestos y fuerza van a constituir la materia y el soporte desde el cual se teje el universo simbólico del hombre.
No sólo con Freud se elabora este cambio, también debemos mencionar a Nietzsche, y su menosprecio del plano supraterrenal, con su inolvidable sentencia: Dios ha muerto. Es al hombre al que le corresponde generar el mundo de valores que den sentido a su accionar, el hombre es la medida de las cosas, no un más allá incorpóreo y trascendente ¿a qué, a quién?, podemos preguntarnos.

Artaud finalmente, a través de su extensa producción pone de relieve la noción de la escena del cuerpo sin órganos, como el lugar en que el cuerpo exista más allá de toda representación, de todo funcionalismo, de toda utilidad. El hombre en el pensamiento artaudiano, debe extenderse más allá de toda abertura, franja, separación y ser él mismo, más allá de sus propias separaciones y disoluciones. El infinito del cuerpo humano, sin jerarquías ni divisiones… incluso más allá de su propia finitud, las fronteras se extienden a una aptitud psíquica viva y que se materializa bajo distintas formas.


El cuerpo y su margen en Florencia Smiths

En este trabajo de la poeta Florencia Smiths, el cuerpo es algo problemático en su instauración y advenimiento a la escritura, cuyo poema es el proceso que denuncia esa dificultad de advenimiento y que requiere una misa doble, tal vez un sacrificio: lo que falta a la letra es lo que sobra como placer.
Esa frase inicial augura de qué se trata en este ritual, esta ceremonia que es el poema. El cuerpo que espera ser bautizado, tiene la característica de ser no sólo un doble del psiquismo, como ha ocurrido con los textos del neo-barroco de Sarduy, Arenas, Eltit, en su primer libro, Lumpérica, sino también un territorio desde donde observar la operación de una escritura sombría y autocuestionante. Una escritura que intenta fundar los nombres de un mundo inquietante y paralizado. Para ello, escenifica una práctica en que el silencio, el blanco que es el significante que marca la diferencia con la letra, pauta esta misma diferencia en la enunciación, la que al mismo tiempo incide en el modo de la repetición en la que se construye el sujeto enunciante: el que toma la palabra, para hacer el enunciado de la búsqueda de la escritura y paralelamente, da cuenta de cómo el sujeto de esos enunciados son emplazados, acosados y desmontados por otra que parpadea en el centro mismo de la existencia, en un intento reiterado de dominio.

Hay, pues, una doble, en el sentido artaudiano, que porta desde siglos el sistema falologocéntrrico, y lo trae de manera ventrílocua desde el masculino al femenino. Su eunciación se pone más allá del cuerpo, en un margen que vigila lo incesante e invasor de esta construcción femenina paralizada y paralizante, que “la ha invadido”. Es decir, la ocupa, y funciona como un sistema de poder, un sistema que la llena y la controla a la que está incuestionablemente ahí, odiada y amada a la vez, y que sale por su cara, diciéndole que “todos ahí adentro están alborotados”. Es decir, se refiere al proceso de liberación de los tics, los innumerables modos en que el sistema ocupa el cuerpo, el paisaje, el siquismo. Como si desde nuestra llegada al mundo, ingresáramos a un mundo simbólico ya gestionado desde hace siglos, y que está protegido no sólo por una subjetividad específica, sino también por políticas y estéticas en las que por cierto la letra, la cultura gobernada por la letra, como lo señalara Angel Rama, impone sus monopolios de colonización.

El trabajo de la mujer poetizada por Florencia Smiths, tiene referencias en otras escrituras latinoamericanas. El ritual de la figura enunciante en Lumpérica de Diamela Eltit, en relación no sólo con los otros de la plaza, con los que confronta el sistema violento y homicida de la dictadura militar, a la par que todos los paradigmas culturales y políticos que han sometido y privado del ser a los y las oprimidas existencias de Chile y Latinoamérica. También Alejandra Pizarnik y Sylvia Molloy, la autora de “En breve cárcel”, esta última en una ciudad metropolitana, innominada, en una pieza de un departamento, en una ciudad anónima, en la que la búsqueda del ser está acompañada por la del sentido de una pérdida así como de todos los caminos que la han conducido a esa pérdida.
Es un trabajo de múltiples referencias tanto en Europa, con Artaud, por dar un nombre crucial en este trabajo, sino también por la historia de la literatura latinoamericana, como señalé, pero que en el caso de Smiths, es más solitario y privado, no por ello menos valiente y crucial como un signo poderoso que desde su puesta en obra nos interroga con vigor.

Lo difícil del acto de parirse, de salir de una escena construida por otros, es que es un duro proceso y que se estructura como un rito. Este rito lo productiviza y escenifica la escritora en un texto de zigzagueante enunciación , y que finalmente se dirige a un tú, masculino, un destinatario de esa construcción de sí misma y de la escritura que acaece como un encuentro que desarma todo lo anterior. Y desdoblada, sale para escribir desde ese silencio, sabe que el que ella desea, quizá no venga, pero de igual manera, todo ese zigzagueo del cuerpo y de las palabras encontradas desde el margen y a partir de un cuerpo de identidad reformulada, del que el texto es ensayo, se derrama.
Y lo hace reabriendo el decir de manera única, tocando el lenguaje, quitando dominios, rompiendo fronteras, deslegitimando el orden supuestamente único y hegemónico.

Viene rompiendo los abismos de separación entre lo superior y lo inferior, viene y se organiza desde una zona nueva, sagrada, única e irrepetible; el margen se traslada al cuerpo, lo gana y es en ese momento único en el que escribe estos versos, en un solo texto, como huella, memoria, testimonio.

“Nadie te verá”, concluye para decirnos que el paisaje expuesto no es sólo el que vemos, está el lugar en el que somos vistos y no necesariamente vemos. Otro margen más, otro silencio nuevo para decirnos que este poema se inscribe como una huella frágil y solitaria de un acontecimiento único y finito.



Eugenia Brito.
Noviembre 2008

CICLO DE POESIA HISPANOAMERICANA



Hacia el Encuentro Internacional «Poesía y diversidades en América y España. Lecturas críticas en la perspectiva del Bicentenario»

El Departamento de Literatura, junto al CEGECAL y al CECLA de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, tienen el agrado de invitar a usted a la Conferencia “Poesía argentina actual”, del crítico literario y profesor argentino Jorge Monteleone, investigador del CONICET, Presenta la crítica literaria y profesora Eliana Ortega.

Este evento tendrá lugar el martes 9 de junio a las 18:30 horas en la Sala de Conferencias “Prof. Ivez Benzi Zenteno” de la Facultad de Filosofía y Humanidades, ubicada en Ignacio Carrera Pinto 1025, 4º piso, Ñuñoa.

Thursday, May 07, 2009

MARINA ARRATE LANZA EL LIBRO DEL COMPONEDOR, Viernes 15 de mayo a las 19:30 hrs. El Observatorio, calle Villavicencio 395, Lastarr

Marina Arrate El Libro del componedor


Fotografía de Claudia Román



Ha de haber en el jardín secreto un par de magnolias jubilosas.
Quizás ellas hablen después del tristísimo atardecer.
Dos frases roncas y silabeantes.

Cuánto más peligrosas que un enfrentamiento a cuchillos en un barrio de bandidos.
Peligrosas como un milagro.

Tan abyectas como hermosas.
El perfume nacarado que arrastran por su estola invoca su dorada presencia.

Ah, qué oscura sinrazón para esta bella sonrisa turca.


El libro del Componedor. Sello Editorial Libros de la Elipse


Marina Arrate (1957)

Psicóloga Clínica (Universidad Católica de Chile, en Santiago de Chile) y Magíster en Literaturas Hispánicas (Universidad de Concepción, en Concepción.)

Ha publicado los siguientes libros:

Este Lujo de Ser. 1986, Ed Lar, Concepción, Chile.

Máscara Negra , 1990, Ed Lar. Concepción, Chile.

Tatuaje, 1992, Ediciones del Mirador, Santiago, Chile.

Compilación de Obras Publicadas, 1996, Ed. Tierra Firme, Buenos Aires, Argentina.

Uranio, 1999, Ed. Lom, Santiago, Chile.

Trapecio, Ed Lom, Santiago, Chile.

Ha obtenido varias becas de Creación del Fondo de la Cultura y las Artes del Ministerio de Educación del Gobierno de Chile. Y el Premio Municipal a la mejor Obra de Poesía del año 1993, por su obra Trapecio.

Ha publicado algunos artículos críticos sobre poesía escrita por mujeres en Chile, así como sobre la relación entre literatura de mujeres e identidad.

Dirigió talleres de poesía entre los años 1991 y 2000. El año 1997 crea el Sello Editorial Libros de la Elipse, del cual fue Directora hasta el presente año.

Wednesday, February 25, 2009

Celeste canta el tango




Domingo 9 de noviembre de 2008
Por F. F. / La Nación

La cantautora argentina habla sobre “Celos”, su nuevo disco

Aún es la rockera que encarnó el espíritu de la post-dictadura argentina en los ’80, pero el tango que rondaba las sobremesas de su niñez, la sacudió con el sonido de un bandoneón. A los 52 años, acaba de lanzar su primer álbum con temas clásicos y propios grabados en vivo, donde su voz portentosa adquiere tintes nostálgicos y arrabaleros.

Lleva 26 años entregada en cuerpo, alma, voz y letras al rock argentino, desde que entonaba canciones como "Me vuelvo cada día más loca" y "Es la vida que me alcanza", aunque en Chile sea más recordada por su relación con Sandra Mihanovic y el tema "Somos mucho más que dos", que coreaban a dúo, a mediados de los ’80.

Ahora, Celeste Carballo -también blusera y alguna vez punk-, se sumergió en las profundidades del tango para editar "Celos" (BMV-EMI), su primer disco al ritmo del 2x4. Es un álbum grabado en vivo en 2006, en el centro cultural Torcuato Tasso, de San Telmo (Buenos Aires). "Son temas sin cortes ni regrabación ni arreglo posterior, y con un gran calidad de audio. Esa es la fuerza de este disco", explica Carballo, entusiasmada al teléfono desde Buenos Aires.

La propuesta incluye tangos tradicionales (como "El día que me quieras"), creaciones propias de 2004 y 2001 ("Buenos Aires no tiene la culpa" y "Un tango desnuda") y temas "con sabor a tango", como "Celos" de Gotán Project, que da título al disco. También, dos composiciones de Astor Piazzolla: "Vuelvo al sur" y "Preludio para el año 3001", y material inédito, como "Más que amor", escrito a dos manos con Dani Tomas, coautor de "Chocolate inglés" (1992), considerada la mejor placa de Celeste, hasta la fecha.

SUENA UN BANDONEÓN

Con una carrera asociada a nombres como Charly García, Pedro Aznar y Andrés Calamaro, la llegada de Carballo al tango no es repentina. Nació en las sobremesas de su infancia, en casa de su hermano mayor (Eduardo). "Yo soy la menor de 8, todos porteños y vinculados al tango de forma amateur", detalla. A los 12 años, "Chiquilín de Bachín" era parte del repertorio con que "Cece", como la llaman en casa, emocionaba a su parentela.

Pero pasaron décadas hasta que se asomó al mundillo tanguero. En 1992, interpretó "El día que me quieras" con el maestro Carlos García ("no Charly") al piano, frente a 50 mil personas. La respuesta fue tan favorable, que la trasandina incluyó ese clásico en "Chocolate inglés", esta vez a dúo con el otro García.

En 2000, Daniel Melingo, ex Los Abuelos de la Nada, devenido en cantante y autor de tangos, invitó a Carballo a cantar en uno de sus shows. Y el bandoneón hizo el resto... Celeste escuchó el sonido y se le pararon los pelos ("porque en las reuniones familiares cantábamos a capella"). Luego se fue de gira con Melingo por dos meses. "Entonces me quedó como un sabor a tango y ahí me puse a escribir textos", recuerda.

-¿Qué tiene el tango que no tiene el rock?

-Una carga dramática poderosa, libertad para decir cosas y una visión filosófica de las relaciones humanas. Proporciona una mirada seria de la realidad. No digo que el rock no sea serio ni posea espacios propios, pero tiene otra adrenalina, otros tiempos y se plantea en el escenario de otra forma.

-Por ahí dijiste que se necesita mucha rabia para hacer rock. ¿Qué requiere el tango?

-Aún no lo sé. Hay mucha gente haciendo tango, pero no todos están captando el verdadero espíritu. Yo estoy saboreando el tango, para saber cuál es ese condimento sin el cual no sabe igual. Tiene que ver con la "porteñidad", con la nostalgia de los inmigrantes, que trajeron hasta el bandoneón, que es alemán.

-¿Te sientes cómoda con el género?

-Muy cómoda. Ahora, yo canto tango con jeans, un jeans negro, pero jeans al fin. No me voy a disfrazar de tanguera de los años 50. La idea es que interprete el tango desde mi generación y desde mi historia.

-En los ’80 cantabas "Me vuelvo cada día más loca". Ahora te has vuelto más qué

-(Risas). En realidad, yo escribí esa canción cuando se inició la Guerra de las Malvinas. Estaba hablando por la Argentina, diciendo que se volvía cada día más loca, por ese arranque de violencia y locura que vivíamos como si fuera normal, en un país que nunca tuvo una guerra semejante, y con una dictadura que nos estalló en la cara. Ahora sería que la Argentina se está volviendo cada día más sorda... Es una sociedad más mediatizada, más metida en internet y más fuera de la realidad, del aire que necesitamos respirar.

No es un "delirio ecológico". Hace 25 años que Celeste vive en Moreno, a 60 kilómetros de Buenos Aires y a pocos pasos de la casa de su hermano mayor, donde se reunía la familia en su niñez. Allí, además de tocar música en una sala de ensayo, se dedica a cultivar la tierra. "Planto árboles desde que iba a Chile a cantar a la Teletón (1987)", señala. "Hace un año y medio que estoy haciendo una huerta más cuidada". También hace mermeladas para la familia, los amigos, los músicos. "No puedo comerme todo, entonces siempre llevo un frasco de regalo".

-¿Y vas a convertir el huerto en una empresa?

-No, mi "empresa" es componer canciones Tengo un material de rock buenísimo que he probado en los shows desde hace dos años, para que lleguen en forma óptima al disco. Pero es muy pronto para hacer anuncios, porque "Celos" está recién en la calle, y sale un DVD del disco, en diciembre. Por ahora, la gente quiere saber si es cierto que Celeste canta el tango.

-Celeste canta el tango ¿Y lo baila?

-¡Es muy difícil! Yo estudio danza, para adoptar una mejor postura en el escenario. Pero el tango bailado tiene un idioma de a dos. Se baila de a dos

-¿Falta la otra parte?

-Sí Por ahora el tango bailado no me va. LC

Thursday, April 17, 2008

Carmen Berenguer, Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2008


Carmen Berenguer obtuvo hoy el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2008. Bobby Sands desfallece en el muro (1983), su primer poemario, impreso de manera artesanal, en homenaje al poeta y revolucionario irlandés fallecido a consecuencia de la huelga de hambre bajo el régimen británico de Margaret Thacher también era una demostración solidaria a los presos chilenos de la dictadura.

Virginia Vidal*


El Premio Pablo Neruda, que otorga 30 mil dólares, fue conferido antes al mexicano José Emilio Pacheco (2004), al argentino Juan Gelman (2005), al peruano Carlos Gastón Belli (2006) y a la cubana Fina García Marruz (2007).

Otros títulos publicados por Berenguer son: Huellas de Siglo, 1986; A Media Asta, 1988; Escribir en los Bordes, 1990; Sayal de Pieles, 1993; La Mirada Oculta, 1994; Naciste Pintada, 1999; La gran Hablada”2002.

Ha participado en Ponencias en Congresos y Seminarios, nacionales como internacionales; ha sido invitada a las universidades de Boston, University Trinity College, University of Stanford, University of California (Berkeley), University of Santa Clara (California). Su poesía ha sido antologada en varios libros. Editora de Revistas literarias: “Hoja X Ojo” 1984, “Al Márgen” 1986.

Ha dirigido talleres de creación literaria en la Facultad de Filosofía y Humanidades en la Universidad de Chile. En la Corporación de la Mujer La Morada y en Balmaceda 1215. Ha participado en varias obras multimedial, performance y video arte. Colabora en la revista Nomadías del Programa de Género de postítulo en Filosofía y Letras de la Universidad de Chile En 1997 Obtiene la beca John Simon Guggenheim y en 2002 el FONDART.

(Datos de Portal Literario Mundo Poesía y lanacion.cl)

Su poesía...

NACISTE PINTADA

Vengan los cuervos, Chile es un gran panizo. A la chuña, señores, corred todos, que todavía quedan migajas sobre la mesa.
Vicente Huidobro

RUINAS

La noche no es la noche ideal
ni romántica de los cantos versallescos,
ni trinos de pájaros en algún amanecer.
La noche de la novela triste, es cuando sus luces
se apagan y aparecen las sombras criminales
en las esquinas de los bares, de las casas,
a los pies de la cama, debajo de las sábanas,
en los colores de los muebles, en la opacidad
de las tablas, detrás de los cuadros, arriba del armario,
en los rincones de la escalera
en este libro,
en medio de estas páginas,
en el temblor de tu sonrisa, en ese espejo del baño,
en el cepillo del pelo, en el olor de tu traje,
en el cubierto de la mesa, en la cajita de música,
en el calcetín; broche de una noche antigua,
en la maleta,
en la página del medio,
en el candor, en la maceta de flores;
detalles del tejido,
y el pañuelo a rayas en el sillón Bauhaus,
en el cuadro de Frida Kahlo, en el retrato de revistas viejas
en los platos de comida, en el charquicán y el luche,
en los juegos de luces pascueros, en los vasos de vino, en la ponchera, en el apiao y pajarete, en el chaleco azul,
en el anillo, en el collar de un cuello, en los aretes,
en el piso de la cocina, en la heladera,
en la silla de paja, en el jarro del café,
en la azucarera, en la mermelada,
como si arriba, en la cucharita del té,

crochete del estío en la biblia latinoamericana,
en el cantar de los cantares, en el libro de Job y Jeremías.
en las páginas sueltas, aquí mismo,
en el hilo del medio,
¡Es algo que da naúseas!

Tiene paredes, tiene paredes blancas, tiene rejas, tiene perros
rabiosos tras las rejas, tiene mercados, tiene malls, tiene edificios de vidrios, tiene edificios nuevos con más vidrios donde se reflejan
nubes grises, tiene todo nuevo, tiene comunicaciones, tiene celulares,
tiene policía, tiene policía nueva, tiene autos nuevos, tiene camas
nuevas, tiene puertas nuevas, tiene ventanas nuevas,


Chile aparece como un inmenso caballo muerto, tendido en las laderas de los Andes bajo un gran revuelo de cuervos.
Vicente Huidobro

Páramos y ruinas,
en el sahumerio,
en el escapulario,
en el sagrado corazón de Jesús,
a la entrada de la casa,
en el póster de psicosis,
en el cuarto,
en la música de Bélla Bartók,
en el afiche del cojo Días,
en la postal del indio,
en el rostro sudaca,
en estos ojos chinescos,
debajo de todo eso, en las puntas,
como si nada, en los santitos, en el ulpo,

tiene metro nuevo, tiene bancos nuevos,
tiene rejas nuevas, tiene seguridad nueva,
tiene miedo nuevo, tiene comida nueva,
tiene hambre nueva,

en todo eso,
cuando te acuestas,
cuando te levantas,
cuando miras de reojo,
cuando fijas la vista,
cuando te acercas,
cuando hablas,
cuando callas,
cuando brincas,
cuando te das vueltas,
en la mañana,
una hora después,
cuando te agachas,
cuando sudas,
cuando aguantas,
cuando aúllas,
cuando todo eso,


El poeta inglés pudo decir: Algo huele a podrido en Dinamarca", pero nosotros, más desgraciados que él, nos veremos obligados a decir: "Todo huele a podrido en Chile.
Vicente Huidobro


A las siete de la tarde, cuando las nubes rosas se van por el
poniente, la ciudad es recorrida en una sola dirección: para arriba. Se
deja ver una intención, una idea pretenciosa detrás de todo esto.
Quiere ser alegórica en su construcción y mítica en su necesidad de
Ritual. Noble pretensión de ser ciudad inventada,


¡Pobre Chile! Un país que ha tenido por toda industria el aceite de Santa Filomena y los dulces de la Antonia Tapia.
Vicente Huidobro


después de quedarte escuchando las gotas de la llave mala,
después de la lluvia de Julio,
después de Julio,
después del frío,
después de la helada de invierno,
después de la remesa de Julio,
después de la carta de Julio,
después de las cuentas del invierno,
después de la piel seca del invierno,
después de las noticias del invierno,


IRENE PAULOVA ES LA REINA DE LAS NOCHES MOSCOVITAS

Se parece a Rusia,
se parece a Hong kong,
se parece a mayamicito en Bolivia,
se parece a Blade Runner,
se parece a los derrumbes,
se parece a la tarde,
se parece a las nubes rosadas de la tarde,
se parece a un justo invierno,
se parece a las telarañas de la Babuchka,
se parece a mi amigo viejo,
se parece a su abrigo gris,
se parece a su semblante adusto,
se parece a la niebla,
se parece a los pobres del sur,
se parece a los pobres del norte,
se parece a los pobres del oriente,
se parece a los pobres del este,
se parece a esta ciudad,
se parece a este rincón,

se parece a este vacío,
se parece a este abismo,
se parece a esta angustia,
se parece a este insomnio,
se parece a este chifón,
se parece a tu rostro,

Entonces te tomas un bromazepam,
te tomas un diazepam,
te tomas un tricalma,
te tomas un alprazolam,
un lorazepam,
benzodiazepinas,
fluoxetinas,
elixir de la dicha,
te lo tomas todo,
te lo comes todo,
te lo hablas todo,
te lo tragas todo,
y en medio de la semana,
para los sentidos,
marroquíes, colombianos,
y paraguayos,

y aparece por arte de magia el desierto florido,
y la palabra ( NO de añañuca amarilla y de añañuca roja,
se entrelazan con los lirios del campo y terciopelos, enrredándose
como cabelleras enamoradas; garras de león, Diego de la noche y
chinas, hierba del hielo, encintan coronillas de fraile, cardo blanco,
flor del minero, y fucsias, pata de huanaco, malvillas, renillas y cacrus
azulillos, monjitas y pajaritos, TOCAR )

creo que tiene que ver con el olvido,
creo que tiene que ver con una madre muerta,

Se parece a ciudad miseria de Perú,
Se parece a ciudad oculta en Argentina,
Se parece a las fabelas de Brasil,
Se parece a South Bronx de Nueva York,
Se parece a Blade Runner,
Se parece a los derrumbes,
Se parece a los ojos que salen de las capuchas en Chiapas,

En todo eso,
cuando te acuestas,
cuando te levantas,
cuando miras de reojo,
cuando fijas la vista,
cuando te acercas,
cuando hablas,
cuando callas,
cuando brincas,
cuando te das vueltas en la mañana,
una hora después,
cuando te agachas,
cuando sudas,
cuando aguantas,
cuando aúllas,
cuando todo eso,

Y más allá donde el inventario no alcanza a contarse:
Se parece a los barrios bajos de Los Angeles.
Allí asesinaron a Sal Mineo de una estocada en el corazón.
Se parece a la cárcel de Chorrillos en Lima, donde tienen encerrada a
Sibila Arredondo viuda de José Arguedas.
Se parece a los rostros de las mujeres viejas que gritan AIMARA
amarradas a la bandera de Bolivia en la Paz.
Se parece a las mujeres jubiladas que toman el sol en las Plazas.
Esta ciudad ayer parisina, antier española, tiene socavadamente una
intención moderna de ciudad, después de la modernidad.

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foto * Periodista, escritora. Dirige la revista cultural Anaquel Austral!, donde se publicó originalmente esta nota.
http://virginia-vidal.com.


Wednesday, April 16, 2008

Florencia Smiths
















Profesora de Castellano y Licenciada en Educación de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso. Hace clases en San Antonio desde el 2003. Prepara su libro El Margen del Cuerpo con
Agencia Editorial FUGA. -Ha publicado en: *Antología 21 poetas de la Universidad de Playa Ancha. (1999) *Creación desde la palabra, UTFSM de Valparaíso. (2001) *Antología Poesía Universidad de Playa Ancha (2002) -Ha participado en encuentros y lecturas públicas de poesía: *Carnavales Culturales de Valparaíso (2001) *Encuentro Internacional de Poetas Chile-Poesía, Santiago (2003) *Encuentro Internacional de Poetas Jóvenes Poquita Fe, Santiago (2004)

Poesía:

La Dolorosa

Me sacan a procesión justo a la hora en que cae la última gota de mi corazón partido. Hay una espada que ha dividido las lágrimas de ese corazón ermitaño de estar quieto. Las palabras que se alzan frente a mi boca no entran por los ojos, ni por los oídos, ni por los tímpanos si quiera. Las palabras que rebotan en la cúspide son las palabras de una amargura de permanecer estática, las justas sílabas de no estar jamás contigo. Nacida virgen, encontrada muerta, un día me llamaron así, por el nombre del dolor convenido, me irguieron a propósito en un púlpito de roble, pulido, esmaltado, lacado, y ahí me pusieron para que en mí el mundo reflejara su sed de espanto. No me imagino en otro lado, puesta de otro modo, sentenciada por una congregación que no fuese ésta, mis devotas adúlteras. Porque dolemos a penas, sabemos eso, nos sacan a procesión para que dolamos menos, para que el viento nos peine los cabellos enyesados, para que no recordemos que estamos hechas de armazones secretos. Ciertos discursos mancillan nuestra honra, a pesar de que no somos nada santas, a pesar de que nacimos con la espada atravesada, aún así elevamos una mirada lánguida que centellea cuando nadie la arrebata. Nuestros hombres no están sanos, nuestras manos no están puras, nuestros hijos inexistentes nos dicen madres por nuestros rostros, pues sobre todo, es la mirada la que sobrecoge cuando se la acecha. Pero yo pienso en ti, aún en ti. No sé pensar en este encierro ancestral ni en otro que no seas tú. Recordar cuando has omitido mi nombre, cuando me has ignorado en ciertas ocasiones, cuando, yendo por la calle a cierta hora aún se retuerce en mí el recuerdo de la espada empujada por tu puño, el filoso espejo entrando a mi carne, la lozana muerte reptando por mi pecho que ahora abierto, rasgó sus coseduras y rosarios. Rebanaste mi lengua, me supiste acallar hasta que fuera muda, hasta que no supiese mirar de otro modo que no fuera este, lastimero en detalle, oscuro en la retina, vacío en su verticalidad. La dolorosa, dicen que me dijo, cuando abandonó las ásperas sábanas, la dolorosa cuando acometió el desconocimiento del fin, la dolorosa cuando abrió mi carne e hizo pernoctar mis miembros al frío, la dolorosa cuando la encontraron mórbida encima del misal abierto. Y se volvió dura, cruda, fría, hosca, porque la sacan todos los días a esa hora, y le descubren el rostro ajado siempre en el mismo sitio, nadie espera a la procesión, todos huyen de ese enhiesto martirio, pero ella pide con mesura que se le arrojen encima y retiren el sable, ningún músculo ha de latir entero, ningún cuerpo ha de convertirse en texto enfermo, menos cuando se le ha congelado la sangre y vuelto tiza la piel de los párpados.

* Texto escrito a propósito de la Virgen de la Amargura (Málaga, España, 1792), también llamada Nuestra Señora de los Dolores, virgen de religiosidad popular, que durante el período de la Guerra Civil Española permaneció oculta.

***

Caperucita


Con el lobo metido entre las piernas es mejor no quedarse
Hay que saber apartar en el momento justo los cortes de los conflictos
Y un lobo metido adentro como mano ajena que rasca y parpadea es un síntoma
que permea todas las zonas recordatorias y más secretas
Porque al cuerpo hay que dejarlo que rece solo
que se rebusque las distribuciones y fluidos en su ritmo
todo a su tiempo -decía la abuela-
y un lobo así metido hace tanto en la entrepierna
no conviene
pues saliva demasiado sobre la caperuza de esta mujercita pendenciera
esa que pulsa por minuto más de lo pedido esa que aguanta y se cubre en el día para parecer ingenua pero de noche arrecia tremendos enredos bajo la humilde capita
No es amigable una muchacha corajuda que aprisione a cualquier lobo
pues para transitar por el espacio de este relato es necesario ser
bien tonta y bien loca y jamás pronunciar el mensaje que se arrojará sobre la cama llena de detalles y almidonadas blondas
por eso es urgente sacar al lobo de este entuerto
mal parirlo de nuevo
arrojarlo como el escupitajo sale del animal infecto
A este lobo viejo y desgarrado que no se convence
que esta no es la entrepierna
de su cobardía
que esta no es la ruta de un deslizamiento viril
porque aquí va un corte
porque en esta parte de la herida va una cosedura en frío
una sutura cruda
Sobre la carne blanca
De una construcción que de tan indeleble se arriesga al derrumbe
a la rosada cicatriz
al edema de una virgen recién abierta por la bestia arrimada
en duro goce

***

Escritura del Objeto

Queremos riesgo
Buscamos el desvío, porque los caminos ya están pavimentados
La ruta del desvarío, de la desintegración de la virtud
Borrachos vencemos al verdugo de nuestro cuerpo
porque preferimos esculpirnos una violencia de pulsión
Rasgamos palabras con las mismas manos con que
poseemos la carne, con los mismos dedos con que hemos
apuntado nuestra lasitud
Nos volvemos otros a cada instante
nos instalamos en las nuevas concepciones del honor, en los altos
conceptos de la infección
Perdidos en la borrachera de derrotarnos
entre nosotros
escudriñamos el objeto que designamos dentro
Abusamos de las ausencias ahí sin tocarnos
Las heridas se van transformando en substratos de pequeñas muertes
Y morimos un poco
A pedazos hacemos el poquito de muerte que nos corresponde
Mordemos el hueso graso que nos convoca a un hambre mortal
No contemplamos verdaderamente el aspecto
de nuestra clandestinidad
Nos abrimos mar adentro gente en fila en las orillas
Sabemos perecer por el nombre y a la hora requerida
Nos salivamos estúpidamente mientras la
imagen de la pantalla electrifica lo anverso
de nuestras rodillas
Ocupamos el frontis de una fachada
de un deseo
como un hábito mal tenido
acechamos el disturbio en cualquier instante
El mayor peligro es lo que aún no ha sucedido
lo que no atisbamos
Nos escondemos tras la caparazón de una noche pueril
una noche que testifica
el partir, la redención
el catastro de todas las muertes en la espalda torcida
con sus metales incrustados a destajo
El cuerpo está roto porque no ha sabido hablar
la parálisis de las palabras más duras le ha
vuelto una contención condenada al derrumbe
Cuerpo desencajado, muslos quebrados
por el ritmo de un golpe sin par
Huesos triturados por la designación de un mal hablante
que con sus dientes proclama el mordisco inaugural
A deshora queríamos encontrar el ojo de un riesgo que nos
llevara al miedo
y del miedo al vértigo
y del vértigo a la más antigua destrucción
Pero no logramos percibir el punto de vista de un objeto triunfador
Es eso lo que nos ciega
es eso lo que nos hace agua
Instalado allí
en su grandeza de objeto de primera -o cuarta- categoría
El otro nos aísla
Albergando la certeza de una fascinación
Hasta no poder concretar
ciertas definiciones
de un cuerpo a-r-mado

Ahora habrá que hacer el tajo
en el pecho
en plena fecha de renuncias
de fisuras
así como un delito de Fe
Habrá ahora que hurgarse las partes malsanas
desahuciados
desconocidos
y sin nombre
Escribiendo mal incluso
El soporte ajeno que nos limita.

***

Narciso y nuestra infamia


A veces hablo con Narciso de nuestra infamia.
Me río de su figura con una nostalgia imperecedera,
Atroz.
Él logra hacerme llorar con su belleza.
Y no me deja tocarlo,
Por miedo a que pueda rechazar tanta perfección.
Nuestros orgullos se alzan sobre nuestras cabezas.
Flamean las banderas del éxtasis en nuestra patria.
Canta el sol la fortuna de alumbrar nuestros ojos.
No puedo amar a Narciso por más que lo desee mi cuerpo, yo misma.
Me traiciono, a veces, mirándolo de soslayo,
Y él apenas voltea, en actitud más lánguida que un lirio
Al que le lloviera el rocío.
Narciso, Narciso…
Déjame alcanzarte para entender que también soy débil y preciosa.
Déjame poseer el pálido reflejo de tu carne saturada de salud.
Permite que te toque, que cuando apenas te roce en una escena privada de luz,
Yo me pregunte dónde, ¿Dónde perdimos la humildad que fomenta la fuerza?
¡Oh Narciso, si he de ser pulcra por admirar mi delicadeza, hazme vana!
Hazme aún más viciosa y salvaje que tu dios.
Quiero ser aquella primera que destruya tu esfinge.
Cual Medea envenenada por la acción brutal de desenmascarar, de destronar,
De develar aquello fiero pero enfermo de tu lid.
Mi adonis, mi dueño ideal, deja de contemplar las aguas de diamante que te embriagan.
Yo, he roto la leyenda, acaso para ahogarme esta primera y última vez
en el espejo terrible que surca mi frente espontánea…
El espejo de la Muerte.

http://florenciasmiths.blogspot.com/


Wednesday, April 02, 2008

Lóbulo de Eugenia Prado


Me acabo de enterar de dos excelentes noticias en lo personal y quería compartirlas con quienes estén interesados, este semestre se dictará un Seminario que incluye parte de mi trabajo literario.

Passions: Blueprints of (dis)-Enchantments

Ana Del Sarto. Assistant Professor Dept. of Spanish and Portuguese
343 Hagerty Hall. Ohio State University



¿Cómo se encienden o se extinguen los afectos? ¿Cómo permitirían las pasiones articular estética e ideología, política, cultura y ética? Para comprender e interpretar estas pasiones en el contexto de la cultura latinoamericana contemporánea, leeremos, desde el marco de los estudios culturales, una serie de textos literarios (Alejandra Pizarnik, Marosa Di Giorgio, Diamela Eltit, Eugenia Prado Bassi y Daniel Link) en relación a específicos textos teóricos (Georges Bataille, Julia Kristeva, Gilles Deleuze y Félix Guattari, Jean Francois Lyotard, Andre Le Breton, Michel Maffesoli, Slavoj Zizek y Brian Masumi). A lo largo del curso, se examinará la manifestación/materialización de subjetividades irreverentes, enfatizando la tensionalidad entre los siguientes ejes: deseo/memoria, razón/afectos, sexualidad/género, intensidad/poder.






Por otra parte, salió un artículo publicado a propósito de mi novela Lóbulo en la Revista Iberoamericana.


TECNO-ESCRITURA:
LITERATURA Y TECNOLOGÍA EN AMÉRICA LATINA
POR J. ANDREW BROWN
Washington University in St. Louis



En “Identidad posthumana en Lóbulo de Eugenia Prado”, tomo la novela de una escritora chilena poco conocida para explorar cómo una novela que marcadamente no es de ciencia ficción depende de imágenes y expresiones de la identidad posthumana para estetizar nuevas mentalidades. Incorporo críticamente las teorías posthumanas y cyborguianas de Haraway y Hayles y las teorías de Gilles Deleuze y Félix Guattari para analizar la articulación de cuerpos y subjetividades cuya naturaleza orgánica es alterada de manera fundamental por la tecnología ubicua que los rodea. En Lóbulo, específicamente, encontramos propuestas de una visión de la identidad posthumana que van más allá de las teorías cyborguianas basadas en la literatura norteamericana y europea o en una conceptualización de una cultura globalizada propuesta por teóricos de la academia norteamericana.


Publicado en Revista Iberoamericana, Vol. LXXIII, Núm. 221, Octubre-Diciembre 2007, 735-741


Saturday, January 12, 2008

TransTextual en el UVA / lectura

Thursday, October 25, 2007

Objetos del silencio de Eugenia Prado






La escritura de Eugenia Prado habla desde la imposibilidad de la palabra. La palabra cercada, todos estos secretos de infancia son una historia a penas revelada por la confesión, la letra, el epistolario familiar, por el desborde de la escritura. En contraposición a ese no decir, aparece esta revelación que nombra estos “pequeños cuerpos habitados por una lengua”, que se atreve a nombrar desde la multiplicidad de voces y sujetos que entrecruzan e intervienen el discurso de lo silenciado. Aquí aparece la denuncia y el arrojo de trazar esas declaraciones sobre los márgenes de la palabra y por sobre la clausura de estas bocas, rescatadas por la autora desde su propio registro y que operan como marca, como una cicatriz permanente del recuerdo, articulando un testimonio desde el amor y desde el miedo. Los “aterradores objetos” de esta novela, están inscritos desde el reclamo del cuerpo amordazado por la histeria del deseo. “¿Qué haces que me siento que me muero?” de ese amor (terrible) que debe habituarse al encierro. Los primeros deseos que crecen en ausencia de las madres, en ausencia de la autoridad que castiga. En este libro, todos son victimas y cómplices, todos están instalados como resistencia contra el horror de volver a enmudecer. La novelística arriesgada de Eugenia Prado, desafía todas las formas de genero al plasmarse en fragmentos de poesía, documentos, bibliografía, discursos; exigiéndonos una lectura desde esa desconstruccion, para poder dimensionar la significancía radical y la inscripción estética de esta propuesta. Diego Ramírez, poeta.




Monday, September 03, 2007

Bracea de Malú Urriola, LOM Ediciones



Eu ñao sou eu nem sou outro.
Sou qualquier coisa de intermedio.
Pilar da ponte de tédio.
Que vai de mim para outro.

Mario de Sá-Carneiro

I


EL PERRO


El viento del tren
rasgaba mi cara como una lija que bien pudiese habérmela arrancado.
No me moví ni un segundo.

Quedé paralizada frente al viento que chirriaba sobre los rieles.
El sonido de los pitazos del tren me había ensordecido tanto,
que podía escuchar el bombeo de la sangre corriendo velozmente por mis venas.
Confundiéndose con el crujido que producían las ruedas metálicas,
mientras sacaban chispas de fuego de los oxidados rieles.

Entre cada porción de vista -dónde se separaban carro y carro- podía ver el sembradío de la modesta casa del frente. Y la vecina que me mira con horror.

Cuando el tren se alejó llevándose el ruido.
El silencio violentamente había partido al perro en dos.

***

La parte delantera de nuestro perro
me miraba como si quisiese salir corriendo de ese lugar donde el radiante sol del medio día se le iba anocheciendo en mitad del cielo.

Una mascara de lágrimas temblaban en los ojos de nuestro perro -como en los ojos de la Princesa Caballero- aquella valiente heroína japonesa que veíamos por la tevé.





***
Los ojos del perro volvían esa temblorosa mirada directo a los míos,
como se devuelven aquellas cosas que jamás se ofrendaron.

Unos metros más allá.

Las patas traseras, fatalmente separadas del cuerpo,
aún rasguñaban la tierra queriendo volver a ser un perro.

Imposible.

Así, tan desmembrado por un corte perfecto. Imposible pensar que pudiese ser posible.
Salvo por un desdedoñoso, cándido deseo, de volver a unir aquello que yace separado.

But

El 1 se había convertido en2
Y 2 son 2

***

Su parte delantera, dio 3 saltos, 3 convulsiones, 3 estertores, 3 agonías.
Unos metros más allá
las patas traseras aún obedecían con una lealtad sobrecogedora el ritmo de las patas delanteras.

Aquel corte perfecto, no despedía una gota de sangre. Las tripas seguían latiendo sin haberse derramado un milímetro. El perro partido en dos añoraba seguir siendo uno. Y de pronto, como se marchan las cosas de esta vida, de sus ojos empezó a zarpar la angustia. Y los clavó en los míos, con la paz que se consigue cuando ya no hay para qué desear nada, en ninguna parte. Ni esperar que nada cambie, ni que nada se una. Porque se cuenta con la liberadora certeza que uno es uno. Nada más. Pero nada menos.

encuentras éste libro en LOM:

http://www.lom.cl/inicio/entrada.asp?portal=1

Monday, August 20, 2007

El fulgor / Video de Carolina Tironi

Basado en el libro Bracea de Malú Urriola




Thursday, July 19, 2007

CARLA MOLINA HOLMES, artista plástica Chile-México


“TRAS el VESTIDO... AMORDIDAS”

CARLA MOLINA HOLMES

Nace en Santiago de Chile el 21 de septiembre de 1970.

En 1978 se radica en México, se deslumbra con su cultura, colores y olores. Frida Kahlo marca su vida.

En 1985 regresa a Chile sintiendo que le arrancan su corazón, todo esto lo plasma en su pintura.En 1990 obtuvo una beca de pintura en la Universidad Católica de Chile.
A fines del mismo año participa en el Festival del Desexilio en una muestra plástica colectiva representando a México.

En 1991 – 1993 estudia Artes Gráficas.

En 1993 hace su primera exposición individual en Santiago de Chile titulada “De Tripas, Cuajo y Corazón”.

En 1995 es invitada a participar como artista plástica por el Centro Cultural de España, creando un diseño exclusivo para el Desfile de Nuevas Tendencias a favor los enfermos terminales de Sida.

En agosto de 1995 realiza su segunda exposición individual, “Entre Cielos Azules” en la Casa de Cultura Naitún en Santiago de Chile.

En 1996 toma clases con el destacado Maestro español Martín Soria.

En 1996 vuelve a radicarse en México, país que ama y en el cual vivió toda su infancia. Toma Talleres de dibujo y pintura en la UNAM.

Comienza a impartir talleres de pintura durante los próximos 4 años.

En diciembre de 1997 realiza su primera exposición individual en Ciudad de México “Corazón Azulado”.

En 1998 expone “Derechos y Humanos” exposición colectiva en el Museo del Chopo en Ciudad de México.

En noviembre de 1999 realiza una performance en la Escuela de Artes de la UNAM, México DF.

En diciembre de 1999 - 2000 expone individualmente por tercera vez en Chile con la muestra “Santo Amor”.

En el año 2001 participa en el “Primer Festival de Diversidad Sexual de la Ciudad de México”. En el FARO (Fabrica de Artes y Oficios de Oriente).

Sus obras han sido adquiridas para colecciones privadas en Londres, Canadá, España, Chile, México y Argentina.






"TRAS el VESTIDO" 2000
Acrílico sobre tela
60 x 39 cms.



"Políptico Trifásico" 2007
Acrílico y mixta sobre tela
y sobre cartón
65 x 48 cms



"Angel Orgótico" 1997
Acrílico sobre tela
60 x 50 cms.




Autorretrato como
"Niña Perversa Polimórfa" o
"Te Dije que NO, y me Cagaste
el Jardín de las Delicias" 1997
Acrílico y mixta sobre tela
50 x 40 cms.




"La Lujuriosa" 2006
Acrílico sobre tela
100 x 80 cms.




"San Sebastián Criollo" 1997
Díptico, Acrílico y mixta sobre tela
61 x 40 cms




"Astrid Hadad" 2001-2007
Acrílico sobre tela
100 x 100 cms

Thursday, July 05, 2007

Moyenei Valdés Videoclip Corazones





carolina tironi

Wednesday, June 06, 2007

Rita Ferrer, Chile


Rita Ferrer es periodista, editora, traductora y ensayista. En este volumen bilingüe (español/inglés) reúne diversas reflexiones en torno a la fotografía, la literatura y otras manifestaciones plásticas.


Prólogo de Yo, fotografía


La selección de textos que presento a continuación es el resultado de un trabajo emprendido hace diez años signados por la melancolía. Esta no ha podido escabullirse de los aires de los tiempos que me han tocado vivir y ayudaron a detenerme en ciertos trabajos de algunos autores o, como no pocas veces, me impelieron a rebobinar los hilos de la memoria con el propósito de pensar lo fotográfico de manera retrospectiva.

Quizá la melancolía que atraviesa estos textos tiene que ver con el fantasma que toda fotografía lleva consigo desde el momento mismo que una presencia graba su existencia en la emulsión de la película sensible como si fuese un sudario y le concede por eso una irreductible condición documental, indicial: grado cero de la escritura del ojo. Melancolía que según mi parecer ronda a la imagen fotográfica desde el instante mismo que la quemadura luminosa congela el tiempo anunciando la muerte de eso que ha sido para, en su doblez, fijarlo en un eterno retorno. La melancolía que porta cualquier foto sigue conservándose aun cuando ésta sea empleada ready- made o la hayan intervenido a través de alguna manualidad o técnicas como el collage, la serigrafía o la digitalización.

La melancolía que poseen estos textos proviene de la modernidad misma que da a luz a la fotografía y de la bilis negra que provoca su transmigración al Nuevo Mundo: el espacio de acá pone en evidencia su rasgo colonial: copia de un Occidente que enrostra la imagen fotográfica con la pintura.

La melancolía de estos textos tiene relación también con el hecho de haber sido escritos durante la larga Transición que vive mi país, cuya deuda no ha sido cancelada para pagar el cúmulo de fotocopias de retratos de detenidos-desaparecidos: fantasmas que aún rondan entre nosotros pálidos patéticos. Así, la melancolía que impregna estos textos sobre lo fotográfico habla desde el cuerpo: el cuerpo de obras comentadas; el cuerpo ausente de lo fotografiado; el cuerpo social de Chile que no logra cerrar su herida; mi propio cuerpo herido de mujer que respira a través de la escritura.


Yo, fotografía
Rita Ferrer
Ediciones La Hetera

Santiago de Chile, marzo de 2002

Thursday, May 31, 2007

carolina tironi








yeti


http://monteiman.blogspot.com/

Saturday, May 19, 2007

Tania González

Representación espejo



Naturaleza Muerta


Naturaleza muerta 1



Naturaleza muerta 2


PECADOS CAPITALES


Vanidad 2


Para ver más de la artista pinchar en:

Lina Meruane, Chile


hojas de afeitar

Era lo que hacían ellos sobre sus rostros, con espuma, con una gruesa brocha de cerdas suaves, y mirándose atentamente al espejo para no cortarse. Pero también nosotras nos mirábamos en el tembloroso espejo del asombro, rasurándonos, las unas a las otras, durante el primer recreo de los lunes y el último de los jueves. Esperábamos a que se sintiera la aspereza sobre la piel para recomenzar el lento ritual que nos desnudaba de ese vello rasposo. No dejábamos ni un rastro de jabón en las axilas; y era tan excitante hacerlo, cada vez más intensa la emoción, que pronto fuimos extendiendo el filo de la gillette por los brazos, por las pantorrillas y los muslos. Nos afeitábamos puntualmente, tan en punto como las llegadas por la mañana a la reja de fierro coronada de puntas; exactas como el timbre que tocaba sin dulzura el dedo duro e insistente de la inspectora. Rasurar era un procedimiento tan matemático como el de copiarnos durante los exámenes de álgebra; las ecuaciones iban siendo resueltas y repetidas en un sonoro cuchicheo a oídos sordos de la vieja de ciencias. Pero no todas nuestras maestras eran tan ancianas ni oían tan mal. Había que proceder siempre entre señas y susurros, guardar para nosotras el secreto.

Nuestros cuerpos iban hinchándose de a poco, llenándose de bultos sorprendentes. Simultáneamente nos crecieron las tetas, se levantaron nuestros pezones con pelos alrededor que también eliminábamos con esmero. El pubis se nos había vuelto una madeja oscura que derramaba sangre, sin aviso, sincronizadamente; esa sangre tenía un resabio metálico que nos excitaba, como el murmullo de nuestras voces roncas, como ese laberinto que íbamos penetrando apasionadamente. Con entusiasmo solíamos empezar la tarea por el pelillo que se asomaba sobre los dedos de los pies; la gillette subía por los empeines desnudos como un acerado calcetín, deslizándose por los muslos como una panty, dejando un surco de piel pálida entre el espumoso jabón del baño; la filosa caricia se arrastraba por la ingle y luego descendía fría desde el ombligo hacia abajo, y por debajo del elástico, de la tela suave del calzón que por fin quitábamos, y separa las piernas, abre un poco más, idiota, quédate quieta, y nos entraba la risa al descubrir la lengua asomándose por el pubis, la carcajada nerviosa que nos hacía temblar espiando el beso que imprimía en los labios la hoja de afeitar.

Una de nosotras se quedaba vigilando la entrada del baño, esa puerta negra al final de un largo corredor, tras la espinosa rosaleda. La vigilante cubría nuestro murmullo cantando en voz alta nuestro himno a la reina de Inglaterra, lo repetía en una letanía hasta que veía a la inspectora en el fondo del pasillo, y entonces entonaba la canción nacional, para avisarnos, para distraer a la delgada inspectora que hinchaba el pecho al escuchar esa arenga patriótica, que deformaba hacia delante los labios haciendo más visible la oscura línea de vello que alguna vez, soñábamos, afeitaríamos a la fuerza, y entonces, buenos días señorita decía nuestra cómplice mientras nosotras, ahí dentro, ocultábamos las hojas de afeitar, y buenos días hija, contestaba la sargenta, pero no se interrumpa, siga cantando, le recomendaba, y permanecía ahí un momento más, con los ojos cerrados, disfrutando. La inspectora se iba como un sereno caminando dormido en su ronda; el peligro siempre pasaba de largo y nosotras nos bajábamos del retrete, recuperábamos las hojas escondidas y entibiadas dentro de los calzones, nos levantábamos otra vez el jumper y continuábamos rapándonos, las unas a las otras. Detrás, los muros de azulejos blancos.

Tampoco las demás compañeras sospechaban, o quizá sí, pero disimulando. Nunca ninguna se nos acercó; ninguna osó aventurarse por nuestro baño. Era como si percibieran que ese territorio estaba marcado, cercado; como si de nuestras miradas emanara una sucia advertencia. Las dejábamos admirar de reojo nuestra evidente superioridad física, nuestras rodillas lustrosas y los calcetines a media pierna; observaban de lejos el modo obsesivo en que nosotras, en la esquina del patio de cemento, pelábamos membrillos. Porque eso hacíamos cuando no estábamos en el baño, pelar y pelar membrillos con nuestras pequeñas navajas de acero. Ejercitábamos nuestra habilidad manual despellejando esa fruta ácida, competíamos por lograr la monda más larga sin que se partiera, pero el grueso y opaco rizo que íbamos sacándole siempre se rompía. Nos consolábamos de ese fracaso lamiendo la pulpa que nos dejaba la lengua áspera y reíamos a carcajadas. Todavía nos estábamos riendo cuando sonaba el timbre y debíamos doblar la hoja metálica para regresar a clases. Guardábamos también las cáscaras rotas en una bolsa plástica, era un precioso desinfectante para las accidentales incisiones.

Era miércoles y ya estábamos inquietas. Sentadas en la última fila, en línea, nos rascábamos mutuamente. Qué picor cuando empezaba a salir el pelo, y desde que nos afeitábamos cada vez salía más, y más grueso. Nos dejábamos marcas blancas sobre la piel con las uñas, pero evitando hacer ninguna mueca de gusto o de dolor, sin dejar un instante de fijar los ojos en el pizarrón donde la vieja de castellano explicaba las cláusulas subordinadas. Teníamos hojas nuevas y todavía quedaban quince minutos para el recreo, pero faltaba un día entero para el jueves. La impaciencia por regresar al baño empezaba a debilitarnos: se nos había ido adelgazando la voluntad, y en ese momento, en medio de una oración copulativa, en el instante más exasperado de nuestra picazón, se abrió la puerta y entró nuestra directora con la nueva estudiante. Toda la clase se puso de pie y repitió un saludo unísono en inglés, y después escuchamos su nombre. Para nada nos fijamos entonces en las duras facciones de Pilar ni en sus ojos penetrantes; no nos llamó la atención su sorprendente estatura, la escualidez de esa desconocida agazapada como la muerte en el oscuro uniforme de poliéster. Sólo nos desconcertaron sus pantorrillas tapadas de pelo. No vimos más que esa excitante maraña: toda una pelambrera virgen que nos erizó de asco y de alegría.

La brisa fría se colaba por las ventanas del invierno, nuestro último invierno, y Pilar estaba ahí, desafiante como una hoguera en un patio de viento. Sólo quedaba un asiento libre, en la esquina de la primera fila y ahí iba a apostarse, en ese pupitre de madera: se quitó el abrigo azul marino, el chaleco azul, y se arremangó para exhibir impúdicamente el espeso vello de sus brazos. Antes de sentarse volteó hacia atrás y bajo sus gruesas cejas hirsutas su mirada osciló lentamente entre nosotras, como si se nos entregara, como si se dejaba lamer por nuestros ojos. Se soltó la cola de caballo y empezó a escribir mientras nosotras apurábamos los lápices debajo de las mesas. No parece una mujer, decía la primera línea de la hoja del cuaderno que hicimos circular. Es cierto, es peluda, es demasiado flaca para tanto pelo, escribió otra de nosotras. Alguna se ensañaba en el borde de la uña cuando por fin se movieron las manos del tiempo y la inspectora hundió su dedo tieso en el timbre. Corrimos todas juntas por el pasillo, cruzamos la rosaleda, entramos al baño sin dejar vigilante. Frenéticamente, descuidadamente, dejándonos llevar por el arrebato y los gruñidos, estrenamos nuestras hojas en una carnicería inútil. Las unas contra las otras. Intentando librarnos del pelo ardiente de Pilar su pelambrera infinita nos arropaba más, se nos iba ensartando.

Pilar se paseaba ante nosotras en el patio mientras pelábamos membrillos. Dejábamos correr el jugo de la fruta por nuestras manos, nos chupábamos los dedos imaginándola desparramada en nuestro baño. Su mirada insidiosa, esa tarde, nos cortaba el aire. Después la vimos aventurarse lentamente por el pasillo, detenerse en la puerta negra y agitar la melena. La seguimos. Oímos cuando se encerraba en el retrete, su chorro interminable. ¿Quería o no quería? Se lavaba las manos cuando nos apostamos alrededor y le anunciamos lo bien que iba a quedar. No se movió mientras sacábamos las hojas pero se puso pálida: supimos que gritaría, tuvimos que agarrarla de pies y manos, sujetarla firme sobre el suelo, meterle en la boca un pañuelo para silenciarla. Se resistía, pero le levantamos el uniforme, le bajamos los calcetines, le quitamos los zapatos negros. Tenía pelo incluso sobre el empeine, y eso excitó aún más nuestra pasión por ella: qué desnuda iba a quedar cuando termináramos. Qué suave, que pálida. Pero seguía revolviéndose con los ojos muy abiertos y yo, que tenía la gillette en la mano, que no paraba de susurrarle que se quedara quieta por su bien, para no hacerle daño, empecé a rasurarla. A cortarla cada vez que se movía. La sangre en vez de asustarnos nos azuzaba, nos instaba a seguir. Nuestra saliva anestesiaría los ardores de su piel.

El suelo estaba cubierto de pelos y de sangre. Sólo faltaba el pubis y Pilar por fin dejó de moverse. Por un instante pensamos que se nos ahogaba con el pañuelo o que se nos estaba desangrando, y entonces no nos quedó más que desocuparle la boca. Como te muevas, idiota, te quedas sin ojos. Pilar sudaba con los párpados cerrados, pero respiraba suavemente, y nosotras suspiramos porque temíamos tener que cumplir esa promesa y matarla. La hoja fue cortando su calzón por los lados y, con mucho cuidado, sin descubrirla por completo todavía, empezó a afeitar primero la piel que lucía arriba del elástico y después hacia abajo, retardando la aparición del precioso y ansiado pubis de Pilar. Su pubis hinchado y negro. Sonrió ambiguamente cuando quitamos la tela y vimos aparecer esa enorme lengua asomada por sus labios, una lengua que al engordar nos dejó con la boca abierta, sin palabras, atónitas un momento mientras la lengua oscura se iba levantando. Entonces tiramos al suelo las hojas de afeitar y le besamos la boca y nos besamos con la lengua, enloquecidas por el éxtasis del descubrimiento.

(Este relato obtuvo el segundo lugar en el Concurso de Cuentos Eróticos de la Revista Caras, 2006. Será próximamente publicado por dicha Revista en un libro.)

Wednesday, May 09, 2007

Verónica Cento


Escritora argentina (1979). Reside en Caracas (Venezuela). Estudia letras en la Universidad Central de Venezuela. Ha publicado algunos de sus trabajos en Letralia y en algunas páginas literarias.
El blog que mantiene:
www.elsurenmicorazon.blogspot.com


I
me cuesta acostumbrarme a esta opacidad
a este fingido espejo que refleja a
alguien que podría ser yo
pero definitivamente no lo soy
si lo fuera
tendría el rostro diminuto
apenas entendible
y lo quebraría un rastro de muerte
dulce y pacífica
una lenta e inespecífica lumbre me abraza
retiro el cuerpo de la noche
para que no se liquide
oh poesía
mis manos son constructoras de abismos
no de detalles
soy una mujer informea veces ridícula y apasionada

los ojos volteados al cielo
miran el velo de la palabra
esa secreta fórmula de la
escritura tanto desconozco
y a la que tanto pertenezco


****


II
mi palabra tan dubitativa
evocadora de secretos
y sagrados rituales de infancia
aquella deshojada
y cuarteada por mi boca
para que no diga esas cosas
que hieren
y traspasan ferozmente
esa palabra minusválida
corporal
y maciza
emancipada por mis pérdidas

aquella salvajemente hermosa
que frente al público
prefiere no desvestirse
y que posee un dolor en la boca

indescifrable
mi palabra llena de asombro
ante las cosas
ante el amor agolpado

sin sabe qué decir
sin saber si callar
o pronunciarse
a veces simula saber sobre cuerpos
y las sombras de los rostros
pero no
mi palabra transpira tanta hambre

****

III


mi boca aguada susurra un cuerpo
lo hinca con dientes lo abre lo examina
lo arroja al vacío dejándolo muerto
irresistiblemente amargo
luego lo toma y lo cubre de besos
lo enciende con rabia
lo absorbe hasta dejarlo limpio
inmaculado y virginal

lo mete en su bolsillo
juega con él
lo aplasta lo remueve lo acaricia
lo embebe como a un vino jugoso
lo traga gota por gota
lo ama y desama
constantemente

lo guarda para recordarlo
para que ambos puedan convertirse
en una doble soledad
en un cuerpo boquiabierto

Tuesday, April 24, 2007

Grandchester (Yasmín Genoveva Fauaz Núñez), Chile


LA PERCANTA URRACA
(Vida, tú eres Poesía)


Pensemos en un político que dice “paz”
o “voluntad del pueblo” o “igualdad”,
digamos que un abogado cita a la “justicia”
o que un comerciante proclama “buen precio” y “calidad”.

¿Hipérboles? ¿Metáforas?

Ahora digamos que un “poeta”
dice “mar” o “rosa”;
dice “hambre”; dice “tortura”;
dice “alcantarilla” o “sapo”
o dice “olla” o “abra cadabra”
o “nada” o cualquier cosa.

Más aún, después de que lo diga,
supongamos que lo traduzcamos,
digamos por decir, del arameo al griego
y del griego al latín
y del latín al español.

Y luego de leerlo pretendamos
que lo que leímos fueron “las palabras”
o que lo que sentimos
“se debió a las palabras”.

Vayamos más allá.
Simulemos que se debió al estilo,
a la alternancia de sílabas cortas entre largas,
al tipo de pie, al troqueo o al yambo.

Aleguemos que el asunto depende
de los golpes del acento, el ritmo
o de la longitud del verso, el metro.

Peor aún, sostengamos que es la rima
o que son las mentadas figuras literarias
las que construyen las imágenes,
las que les dan su contenido de realidad emocional.

Ahora dudemos todavía,
no más por llevarle a los amigos la contraria,
de que la poesía se siente en las piernas
de quien le dé la gana.

Dudemos de su promiscuidad,
sostengamos que no cobra.

Y, para ahondar aún más en el absurdo,
juremos a los cuatro vientos que no es,
como pocas de las de su ralea, CARA.

"Veredes de blasfemias, que locura.
"Ésta requiere un exorcismo.
"Manden a llamar un…


Sunday, April 15, 2007

Olga Orozco, Argentina

Olga Orozco
- Olga Gugliotta -
(Argentina, 1920-1999)

Poeta argentina de seductora personalidad nacida en Toay, La Pampa. Nacida Olga Gugliotta, su padre era italiano, adoptó el apellido literario de su madre. Con 16 años se trasladó a Buenos Aires, estudiando en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad, trabajando de periodista y dirigiendo alguna publicación. Perteneció a la generación surrealista Tercera Vanguardia, a la que también pertenecía Oliverio Girondo. Su obra poética se compone de, Desde lejos (1946), Las muertes (1951), Los juegos peligrosos (1962), La oscuridad es otro sol (1962), Museo salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977), Mutaciones de la realidad (1979), La noche a la deriva (1984), En el revés del cielo (1987), Con esta boca, en este mundo (1994), También luz es un abismo (1995) y Relámpagos de lo invisible (1998). Dueña de un lenguaje poético milagroso en la lírica argentina, influenciada por los poetas San Juan de la Cruz, Rimbaud, Nerval, Baudelaire, Milosz y Rilke, poseía una inteligencia sutil y ordenaba su imaginación dotándola de esa ejemplar armonía propia del arte destinado a perdurar. En 1998 le fue concedido el Premio de Literatura Latinoamericana Juan Rulfo. Falleció el 15 agosto de 1999 a los 79 años como consecuencia de una afección circulatoria, sus restos se encuentran en un cementerio privado de Pilar, provincia de Buenos Aires.


Testigos hasta el fin (fragmento), de En el revés del cielo

" Perfeccioné penurias como dichas, engarcé por igual en la espesura lágrimas y fulgores, saqué lustre al destino por avaro, miserable que fuera, y de cada pedrusco del instante hice joyas eternas, sin saberlo. Transporto así también al enemigo con sus lujosos odios esculpidos, a intrusos que conviven con mis mejores horas como vetas en la piedra pulida, a los protagonistas de un amor insoluble, de una leyenda inmóvil, a todos mis custodios, adictos o traidores, esos sobrevivientes que acampan a mi sombra y son mi propia tribu, fatalmente. Sí, sí, conmigo hasta el final: nunca por el acierto o el error, ni siquiera por la belleza o la esperanza, sino sencillamente por el bien que nos une, por el mal que nos ata, por haberme acosado contra el fondo, por compartir la noche. Ahora son testigos de mis acatamientos y de mis transgresiones, cada uno con su inverso sistema de medir, con su manera de cambiar de color de acuerdo con la pena o el indulto, anticipando el juicio en el relámpago o en el escalofrío con que se manifiestan o se tornan legibles. Alertas, recelosos como fieras insomnes mis testigos, pero así como “el mundo es más profundo de lo que piensa el día” así será el alcance de sus pruebas. Porque después igual que ahora y después igual que antes, ellos acudirán con esos espejados testimonios de los que emerjo yo siempre absuelta en azul o condenada en escarlata, siempre algo más acá o un poco más allá de mi oculta sustancia, donde la culpa es otra. "

Anne Sexton, EE.UU.

Anne Sexton
- Anne Gray Harvey -
(Massachusetts, 1928-1974)

Se casó con Alfred Muller Sexton a los 19 años. Un año después de nacida su primera hija le diagnosticaron depresión post-parto, sufriendo su primer crisis mental e ingresando a un hospital neuropsiquiátrico. Regresaría allí varias veces, sobre todo luego de sus intentos de suicidio, que se agudizaron luego del nacimiento de sus segunda hija. Fue su médico quien la apoyó para que desarrollara el interés en la poesía que había mostrado en la escuela secundaria. En el otoño de 1957 se inscribió en un taller de poesía en donde conocería a Sylvia Plath. Unidas en una relación con matices que lindaban entre la identificación mutua y la rivalidad poética, fueron influencias la una para la otra, llegando a competir en las clases por quien escribía el mejor poema.

En 1974, a pesar de su éxito como escritora –había ganado el Premio Pulitzer de poesía por su libro Live or Die– perdió su batalla contra la enfermedad mental. Luego de almorzar con su mejor amiga, Sexton fue hasta el garage, encendió el motor de su auto y se suicidó con el monóxido de carbono. Como Robert Lowell, Sylvia Plath, W. D. Snodgrass y otros llamados "poetas confesionales", Sexton ofrece al lector una mirada íntima de la angustia emocional que caracterizó su vida. Hizo de la experiencia de ser mujer un tópico central en su poesía y a pesar de soportar críticas por hablar de temas como la menstruación, el aborto y la adicción a las drogas, es evidente que su talento como poeta trascendió cualquier controversia.

El asesino / de El asesino y otros poemas

La muerte correcta está escrita.
Colmaré la necesidad.
Mi arco está tenso.
Mi arco está listo.
Soy la bala y el garfio.
Estoy amartillada y dispuesta.
En mi alza lo tallo
como un escultor. Moldeo
su última mirada hacia todos.
Cambio sus ojos y su cráneo
constantemente de posición.
Conozco su sexo de macho
y lo recorro con mi dedo índice.
Su boca y su ano son uno.
Estoy en el centro de la emoción.
Un tren subterráneo viaja a través de mi ballesta.
Tengo un cerrojo de sangre y lo he hecho mío.
Con este hombre tengo en mis manos
su destino y con este revólver tengo en mis manos
el periódico y con mi ardor tomaré posesión de él.
Se inclinará ante mí y sus venas saldrán en desorden
igual que niños... Dame su bandera y sus ojos.
Dame su duro caparazón y su labio.

Él es mi mal y mi manzana y lo acompañaré a casa

Idea Vilariño, Uruguay


Poeta, crítica de literatura, compositora de canciones, traductora, educadora; nació en Montevideo, Uruguay, 1920. Se inicia poéticamente con un cuaderno: La suplicante; en 1947, aparece una nueva recopilación de poemas firmado Idea y que contiene méritos y logros muy similares a los del álbum anterior.

En 1947, tras cinco poemas: Cielo y cielo, que servirán de introducción al mundo sombrío de sus creaciones mayores. En 1949, agrega un poema: "Paraíso perdido" a las anteriores entregas de poemas y se instalará así, en el libro Paraíso perdido, la poemática dolorosa y angustiante de Idea.

En 1950 y 1951, editará dos veces: Por un aire sucio. Y en 1955, su libro más importante: Nocturnos, que se reeditaría nuevamente en 1963. En 1989, Casa de las Américas le edita Nocturnos del pobre amor, cuya selección corrió bajo la responsabilidad de Yoel Mesa Falcón

Su labor de crítica literaria la ejerció en revistas nacionales y extranjeras. Entre las primeras se cuentan: Clinamen, Número (cuya primera época codirigió junto a Mario Benedetti, Sarandí Cabrera, Manuel A. Claps y Emir Rodríguez Monegal), Marcha, Asir, Brecha. Entre las segundas se destacan: Plural y Texto Crítico (México), Casa de las Américas (Cuba). En los años 1966 y 1984, ofició como jurado del Concurso Casa de las Américas en La Habana, categoría Poesía.

Le fue otorgado el Premio Nacional de Literatura en 1966 pero renunció al mismo –según adujo en carta pública al Ministro de Instrucción de la época–, por discrepancias sobre la integración de los jurados. En 1987 obtuvo el "Premio a la labor intelectual, José Enrique Rodó," otorgado por la Intendencia Municipal de Montevideo. En 1994 recibió la medalla " Haydée Santamaría" siendo la primer mujer en recibir tal distinción.
La Universidad Complutense de Madrid la becó durante un mes en 1993. Asimismo rechazó en dos ocasiones la Beca Gugennheim.

En noches de la tierra
Con amor corroído desplazando
Una pierna cansada
Con cansancio
Apurando sin ganas
Las cosas de la vida
Repitiendo que sí
Asistiendo pasando
Repitiendo la noche
Apartando la sombra
Dejando
Viéndolo
De párpado pestaña iris sombrío
De mirada
De piel
Duro
Metálico
De otro
De amor o no
Relampagueante
Mirando ciega e
Interminablemente
Sin luz y sin pasión
Así pensando
Con un brazo dormido recorriendo
Distancia hasta alcanzar párpados tibios
Con temblor con calor
Con miedo
Párpados
Entre un frío mortal de noches de la tierra.

©Idea Vilariño
Casa de las Américas, Ciudad de la Habana.

Maldito sea el día
Maudite sois la nuit Ch. B.

Aplastadas las horas la resaca
Del día por lo alto en lamparones
Quedándose en el aire
De las estrellas para acá
Colgando
Y tú y yo y tú pisando lo del día
Es decir olvidando la memoria
Es decir tú y yo y tú
Nosotros mismos
Por una vez
Por fin
Después de todo
Dejado todo aquello por el aire
Desembocando enteros como piedras
En el agua
En el ámbito intacto de una noche
Que no alcanzaba a nadie
Como piedras
Arrastradas rodando por un lecho
Musgoso y bien cavado por los siglos.

©Idea Vilariño
Casa de las Américas, Ciudad de la Habana.

Friday, April 13, 2007

Delmira Agustini, Uruguay

Delmira Agustini
(Montevideo 1886 – 1914)

Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1886, en el seno de una familia burguesa descendiente de alemanes, franceses y porteños.
Desde muy corta edad incursionó en el campo poético publicando su primer poemario, El libro blanco en 1907. Luego aparecieron Cantos de la mañana en 1910 y Los cálices vacíos.
Mujer de gran sensibilidad y sensualismo, asombró a Montevideo y Buenos Aires con sus libros de versos. Contrajo matrimonio en 1913. Su matrimonio fracasó a los dos meses, y un año después, en 1914, murió asesinada por su marido quien se suicidó después.
Después de su muerte se publicaron dos textos más: El rosario de Eros y La alborada.


CUENTAS DE FUEGO

Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia,
deshojar hacia el mal el lirio de una veste...
-La seda es un pecado, el desnudo es celeste;
y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.-

Abrir brazos... así todo ser es alado;
o una cálida lira dulcemente rendida
de canto y de silencio... más tarde, en el helado
más allá de un espejo, como un lago inclinado
ver la olímpica bestia que elabora la vida...

Amor rojo, amor mío;
sangre de mundos y rumor de cielos...
¡Tú me los des, Dios mío!


DESDE LEJOS

En el silencio siento pasar hora tras hora
como un cortejo lento, acompasado y frío
¡Ah, cuando tú estás lejos de mi alma todo llora,
y al rumor de tus pasos hasta en sueños sonrío!

Yo sé que volverás, que brillará otra aurora
en mi horizonte grave como un sueño sombrío;
revivirá en mis bosques tu gran risa sonora
que los cruzaba alegre como el cristal de un río.

Un día, al encontrarnos tristes en el camino
yo puse entre tus manos mi pálido destino.
¡Y nada más hermoso jamás han de ofrecerte!

Mi alma es, frente a tu alma, como el mar frente al cielo:
pasarán entre ellas, cual la sombra de un vuelo,
la Tormenta y el Tiempo y la Vida y la Muerte!

Tuesday, April 10, 2007

Christa Wolf, Alemania

Christa Wolf
(Alemania, 1929) Novelista y ensayista de la antigua República Democrática Alemana (RDA). Wolf nació en Landsberg an der Warthe (ahora Gorzów Wielkopolski, Polonia) el 18 de marzo de 1929. Estudió en las universidades de Leipzig y Halle, y después trabajó como lectora y editora en una editorial hasta 1962 año en que se dedicó por completo a la escritura. Su primera novela, El cielo dividido (1963), describe la relación entre un hombre que abandona la RDA y una mujer que se queda. Dos de sus novelas posteriores, Reflexiones sobre Christa T. (1969) y Muestra de infancia (1976), examinan los años finales de la II Guerra Mundial y el desarrollo inicial de la RDA. La primera de esas novelas describe la vida y temprana muerte de Christa T a causa de una leucemia que es una respuesta psicosomática a su situación. La segunda novela es claramente autobiográfica y combina referencias a acontecimientos significativos de su época con una descripción de la vida en una conformista ciudad de provincias. Las escritoras Anna Seghers e Ingeborg Bachmann han ejercido una gran influencia en la obra de Christa Wolf. Wolf fue miembro del dirigente Partido Socialista Unificado hasta su desintegración en 1989, aunque había sido expulsada del comité de Berlín Este de la Unión de Escritores de la RDA, por protestar contra la privación de la nacionalidad al cantante disidente Wolf Biermann en 1976. Su novela corta, Lo que queda, escrita en 1979 pero no publicada hasta 1990, hace referencia a la situación que implica estar bajo vigilancia de la Stasi, la policía política de la RDA, que levantó una enorme controversia, especialmente después de que se revelara que la misma Wolf había sido informadora de la Stasi. Otras narraciones suyas son Bajo los tilos (1974), En ningún lugar. En ninguna parte (1979), Casandra (1983) y Pieza de verano (1989).


Pieza de verano (fragmento)

" Fue aquel verano memorable... Nosotros sabíamos que queríamos estar juntos. A veces nos preguntábamos cómo nos lo describiríamos a nosotros mismos y a los otros. Pero en realidad no creíamos que nuestro tiempo estuviera limitado. Ahora que todo ha terminado, también esta pregunta tiene su respuesta. Ahora que Luisa se ha ido, que Bella nos ha abandonado para siempre, que Steffi ha muerto, que las casas están destruidas, ahora vuelve a reinar en la vida el recuerdo."

Sunday, April 08, 2007

Shadi Gadirian, fotógrafa iraní


Con 30 años, Shadi es considerada actualmente una de las artistas de Irán con más proyección e influencia. Sus fotografías de estudio sobre la mujer en la vida cotidiana y paradójica de las sociedades musulmanas es su faceta más conocida. Pero esta ex-alumna del recién establecido Departamento de Fotografía de la Universidad de Teherán, tiene también una vinculación social determinante en la sociedad iraní. Es una de las responsables de la página web womeniniran.com, activista cultural e inquieta con los nuevos formatos de comunicación. Shadi Ghadirian responde desde la cotidianidad de su trabajo.

Dídac P. Lagarriga (2003)



de la serie Como cada día


Thursday, April 05, 2007

PREMIO A LA ESCRITORA TRADUCIDA, DIAMELA ELTIT


El fondo de traducción Helen Lane, los Directores y los amigos de Lumen
anuncian su primer

PREMIO A LA ESCRITORA TRADUCIDA A DIAMELA ELTIT


Editorial LUMEN, editores de Ediciones Helen Lane, anuncia su Premio a la Escritora en Traducción Diamela Eltit (Santiago de Chile, 1949) por su excepcional producción y persistencia en lo que se ha llamado "literatura de resistencia". Como también en la redefinición en los medios, materiales y materias de la literatura, tal escritura inconformista desafía a una gran audiencia. Eltit afirma: "La parte de mí que escribe no está conforme ni resignada y no quiere lectores que no sean aliados en un diálogo, cómplices en cierta disconformidad".

El Premio a (la) Autor(a) Traducida es un premio ocasional que intenta reconocer a autores por su destacado trabajo y no es una recompensa por sus logros. Este nuevo premio consiste en $4,000.

Libros Lumen ha establecido a Ediciones Helen Lane como un medio para honrar la tradición y el compromiso norteamericano con la traducción. El primer libro en esta serie fue E.Luminata (Lumpérica) de Diamela Eltit. traducido por Ronald Christ. En la sesión, los directores y amigo de Lumen declararon que "Existen premios notables a traducotres y traducciones al inglés, tales como el Kayden National Translation Award, que fue otorgado al libro de Diamela Eltitl, E. Luminata, pero ninguno de estos premios dan tributo al autor original de la obra. El autor tanto como el traductor deben recibir ese reconocimiento y compensación, es por eso que estamos fundando el Premio al Autor (a) Traducido (a). "La traducción", agregaron, "es siempre un acto de colaboración, sea que el autor participe o no activamente".

Cuando Helen Lane todavía vivía en el sur de Francia, Diamela Eltit la visitó. "Ella es luz, pura luz" Helen escribió, "brillante, radiante en oscuras esquinas".

Tuesday, March 20, 2007

DE LA POBREZA DEL PURO (RE)SENTIMIENTO


Desconozco quién redacta la columna "De buena fuente", de la sección Artes y Letras, de El Diario El mercurio. Hoy, dicha sección, llegó con "dos noticias": Germán Marín llega a Mondadori y El Premio Neruda y "la muñeca" cubana. Sobre esta última quisiera detenerme, por lo capcioso y lo alevoso de la nota. En ella, no se habla (escribe) una palabra sobre la obra de Fina García Marruz, quien ganara recientemente el premio iberoamericano de poesía, Pablo Neruda, y se especula, por el tono de la nota, se da por sentado, "el muñequeo cubano" de Roberto Fernández Retamar con "la cruzada de Ana Pizarro", por el premio de "una mujer, caribeña, y para más señas, cubana". El gacetillero en cuestión, que para variar, desparece en el anonimato, comienza señalando que "todavía no hay acuerdo en qué fue más sorprendente: si el hecho de que el IV Premio de Poesía Pablo Neruda lo hubiera ganado Fina García Marruz, (1923), una escritora cubana desconocida en Chile, o que el jurado Roberto Fernández Retamar tuviera "tan buena muñeca"para convencer a sus colegas de premiar a su compatriota". También habla de que la Ministra de Cultura, no tenía voto, pero sí voz, por lo tanto todo era favorable para esta "cruzada". Sobrecoge la ignorancia de quien escribe, que desconoce la obra de una de las poetas más importantes no ya del Caribe, sino de Hispanoamérica, como sabe cualquier lector de poesía medianamente informado, con una obra que, para los lectores de poesía o ensayo contemporáneo, es ineludible. Con libros como Visitaciones, Créditos de Charlot y Hablar de poesía. Una de las grandes estudiosas de la obra martiana, con años y reconocimientos de fervor poético, que la han merecido el respeto de numerosas generaciones de escritores americanos, no sólo los premios de las instituciones. Ubicada (si es posible ubicársela, pues su voz poética desborda lo generacional y trasciende el tiempo) dentro de la generación de Orígenes, junto a figuras como Lezama Lima, Eliseo Diego, Gastón Baquero, o Cintio Vitier, Fina García Marruz, unapoeta de raíz cristiana, ha escrito una poesía que, siendo profundamente cubana, recoge lo ecuménico y lo universal, a través de autores como Goethe, Píndaro o Anacreonte, el romanticismo alemán o el inglés, que en su voz, hallan un nuevo registro y se abren,(se incorporan) desde lo cubano, otra vez al mundo. Autora de los extraordinarios poemas "En la muerte de Ernesto Che Guevara", "La elección de Pedro" y Xochimilco,Teotihuacan, La Alameda, Homenaje a Keasts, alejada de todo tipo de lobby y del "discurso cuico" de quehablara Parra. ¿Qué nombre le han dado al negociado, a las conciliaciones, al lobby, que han hecho numeroso autores (varones) para obtener los premios, los reconocimientos literarios y las publicaciones en una literal "carrera" de caballos, reventándole los ijares, a más de uno?. El Premio Iberoamericano de poesía Pablo Neruda, le fue otorgado a Fina García Marruz por unanimidad; la nota cuestiona esta decisión y la llama cruzada, muñequeo, tratando de devaluarla desde el género (cruzada genérica femenina), desde el chovinismo nacional (un cubano hace que premien a su compatriota). Pretende devaluar así, tanto la poesía de Fina García Marruz, como la ética de las personas que oficiaron de jurado. ¿Qué le habrán ofrecido al poeta Belli, en "esta cruzada", para su aquiescencia?, me pregunto, siguiendo al redactor de la nota. Viviendo12 años en Chile e incorporada a su que hacer poético, no puedo menos que sentir vergüenza por lo afrentoso de esta, que, más señalar u orientar al lector, revelándole o develándole una figura poética,desaparece en lo anecdotario, en la bisutería decomidilla donde "Lemebel saludó afectuosamente a Retamar", etc, etc. Si Fina García Marruz se merece el respeto y re(conocimiento) de su obra, también merece un respeto el lector , a quien cada día, desde un suplemento que se supone de las artes y las letras, lo empobrecen con notas paupérrimas . Ah, y esto lo escribo muy orgullosa, como mujer, poeta y, por añadidura, cubana.

Damaris Calderón
Santiago de Chile, 18 de marzo, 2007

nota de El Mercurio, aparecida el domingo 18 de marzo de 2007

nota de El Mercurio, aparecida el domingo 18 de marzo de 2007

El Premio Neruda y la 'muñeca' cubana

Todavía no hay acuerdo en qué fue más sorprendente: si el hecho de que el IV Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda lo hubiera ganado Fina García Marruz (1923), una escritora cubana desconocida en Chile, o que el jurado Roberto Fernández Retamar tuviera tan buena "muñeca" como para convencer a sus colegas de premiar a su compatriota. Las condiciones eran favorables. La Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, no tenía voto, pero sí voz como presidenta del jurado. Por su parte, la jurado Ana Pizarro impulsa desde hace años una especie de cruzada académica para incorporar la tradición brasileña y del Caribe a los estudios de literatura latinoamericana.El Premio otorgado el miércoles a Fina García conciliaba todas las sensibilidades en juego: mujer, caribeña y para más señas cubana.El mismo día del fallo, Fernández Retamar visitó la Sociedad de Escritores de Chile, donde recitó latamente sus poemas, siendo aplaudido por un público afectuoso. Pedro Lemebel incluso se acercó a saludarlo. El único momento incómodo se produjo cuando un joven periodista mexicano pidió la palabra para cuestionar el nexo de la Fundación Neruda, dirigida por Juan Agustín Figueroa, con el Premio de Poesía. El escritor le aclaró de manera categórica que este galardón lo otorgaba el Gobierno, no la Fundación. Curiosamente, Fernández no asistió el jueves al acto organizado en La Chascona, donde LOM y el Consejo del Libro presentaron una colección de antologías dedicada a los ganadores del Premio Neruda: José Emilio Pacheco, Juan Gelman y Carlos Germán Belli.

Fina García Marruz. IV Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda


Créditos de Charlot

Sentado en el césped ralo

con bigotillo de lucir y risa tímida

que irrumpe y cesa rápida y brilla como una flor,

se enamora, respira distraídamente un zapato.


Vagabundo, boxeador, utilero de circo,

pobre de solemnidad y caballero,

salva a la huérfana, y luego

dobla solo por una callecita.


Como quien huyendo del guardia

encuentra a la joven de la maceta en el balcón,

en una esquina azarosa, entre desechos,

encontró la bondad resplandeciendo como un oro.

Trascendiendo lo inconsolado de la espalda

sus zapatos laterales miran a los dos lados de un

camino

que se pierde en el horizonte.

Todo está en ese instante en que, humilde

como la vida,

se da de nuevo ánimos, y la espalda rota,

otra vez ilusionada inicia un baile mínimo

con el bastoncillo girador.


Fina García Marruz, de: Créditos de Charlot 1990.

Saturday, March 10, 2007

Astrid Fugellie, Chile

del libro: La generación de las palomas

LAS BRUJAS DEL APOCALIPSIS

Cuando mi bisabuela muerta parió seca, las parteras no pudieron hacer a la luz a mi abuela. Ella nació ahorcada por el cordón umbilical de la santa vieja.

Cuando mi abuela muerta dio a luz a mi madre, la frágil calavera de mi antecesora ya estaba colgada en el perchero entre la mampara ovalada y el diván de felpa roja.

Cuando mi madre muerta me trajo, entre dolor y llantos, por ser yo demasiado gruesa, mi mortaja estuvo sentada frente al espejo de la cómoda de ébano.

Cuando muerta alcancé la edad madura de la menstruación, vino mi hija yerta y blanca y se quedó para siempre en la habitación de balcones por donde la noche entraba muda.

Así nuestra dinastía jamás compartió ni un desayuno con la lectura de Baudelaire, o el final de cena con la música de Bach.

De tal suerte aconteció, porque cuando nació mi bisabuela muerta guardó en su armario estilo rococó, una mariposa nocturna dentro de una caja redonda y amarilla parecida a la luna. Se dijo que la mariposa era un dios hecho polvo.

Fue así como ninguna de las cinco muertas, nos atrevimos a abrir esa caja redonda y amarilla parecida a la luna. De algún modo, tuvimos miedo a ser obligadas a nacer vivas en medio de esa casa de adobe y tierra.


LA MUDA Y SORDA

La sordomuda postrada parcelando
mis recuerdos,
extendiéndome las manos desocupadas.

La mujer agonizante enemiga
de mis sueños,
la angustiada de los fosales moviéndome
a la piedad.

La sordomuda estrechada
entre arboledas y miedos
dejándome como bienes, pequeños cascos
de oruga.

La extranjera dando al fondo
de mis pasillos heridos.

La madre muda y sorda y muerta.


LA PAUSA

Corrí desconsolada hacia la casa
de la madre moribunda.

Ocre la piel, puro mármol
la bocaquejada.

En el último tiempo se había puesto
muda.

Oprimida bajo el peso
sentí la necesidad de investigarla;
saber el secreto de tan largo
mutismo.

Me tumbé a sus pies; todo resultó inútil:

Ya había escapado hacia el silencio extraño,
desde donde,
no pude sacarla.

Wednesday, March 07, 2007

Damaris Calderón, Cuba


EL QUELTEHUE
para Elvira Hernández

El pájaro que entró no saldrá
ni por el hueco de la sien.
Perdió las alas.
No saldrá.

No metamorfosis.
No Ovidio.

El pensamiento de lo que América sería
si los clásicos tuvieran una vasta circulación
no turba mi sueño.

El queltehue
cuyos huevos empollan en la cabeza del hombre.
La cabeza se inclina con frondosidad.
Toda la podredumbre alcanza su cocción.
El frailecillo susurró:
"No os dejéis tentar por la letra".

Un insecto devorando un clásico
no turba mi sueño, oh no,
ni el pensamiento de lo que América sería.


HUESOS FUERTES

El viento entrapor los huesos
una flauta
una cañería de desagüe.

"Podrían tocar
toda la noche
y pedir
durante tres generaciones.
Si se les mira
de cerca
no están hechos
para el trabajo
y ostentan su miseria
en carteles escritos
en lengua ajena".

Los rumanos
de los camposde concentración
(y los otros)
escaparon
en vagones establos
falsificaron
pasaportes
caminaron
fueron devueltos
en las fronteras
limítrofes
del este.
Lo intentaron de nuevo
(nos suicidaremos en masa).
Algunos
lo consiguieron
y llegaron
al Sur
(o a la muerte).


RASTROS
marina tsvietáiva

El frío
de un terrón de azúcar
en la lengua de una taza de té
de un pan que salta
en rebanadas sangrientas.
El oficio de lavaplatos,
las genuflexiones
y las manos que todavía
se sumergen
con cierta cordura.

Los rojos
los blancos
los cabezas rapadas y los cosacos
podrán echar mi puerta a patadas
o aparezca una cuerda
con que atar un baúl y colgar
mesin que me estremezca un centímetro.

calvert casey

Cuando vio La Habana en Roma
la miseria de La Habana en Roma
no pudo seguir lactando
de las tetas de la madre de Remo.
Luego reconoció a Roma en La Habana
del paleolítico inferior.


San Petersburgo
París
La Habana
Roma,
las alucinaciones son reales.

Se suicidó en tierra de nadie.

joseph brodsky

La uniformidad
de los rostros
(disciplinamiento)
el enjambre de abejas
el destello de pánico
(la organización social).


El cuerpo vale menos
que una manzana
podrida
a medio morder
después de pisotear
el cuello de un ganso.


Todos los que estamos aquí
mataríamos.
Todos los que estamos aquí
codiciamos una nuca ajena.

Escribo en círculos
(aunque se borrarán)
palabras duras.
Y el agua
se disuelve en el agua-menos que uno.

Mayra Santos, Puerto Rico


Ay amigo
hoy la luna está llena
en la calle y sobre el alumbrado
yo eléctrica pienso en una leche cuajada
en pujitos de púas,
electrodos felices
llegando hasta tu lugar.
hoy la luna está llena
y hay cables que se destienden
y hieren la noche y sus ecos
sus conversaciones
exprimiendo jugos
del otro lado
del auricular.
Ay amigo
la luna es un vaso de jugos eléctricos
y de pujos
a larga distancia.

***
CAMINO A XIBALBA

Desde entonces tuve un diablo metido en la cabeza. Ese diablo me contaba sus cuentos, sus travesuras por la arcilla amarilla de las calles y no dejaba de vociferar-- el precio es la soledad-- el precio es la soledad. Yo me escondía de mi cabeza, allí vivía el diablo. Yo no dejaba que descubriera mi escondite y vagaba, cerca del hígado, cerca del bazo, incluso, cerca del metatarso en días que lo oía gritar muy duro. No tenía muchas monedas para pagar en soledad. No quería gastar todo mi dinero para estar allí sola con mi diablo y mi cabeza.

***

Y es tanta vitrina el camino a Xibalba, cruzar las trece de arriba, las siete vitrinas de abajo, bajo el poste-ceiba descansar, pedir pon con suerte, si se encuentra un amigo. Hay tanta vitrina y el diablo se confunde con ángeles de piel amarilla, y los ángeles que van en motora te turban, sus alas de cuero son y siguen siendo corazón del cielo. Tanta vitrina hecha de la piel del diablo, tanto diablo ofreciéndote pon si ser el amigo, sin ser los gemelos amigos que van a Xibalba y una con la cabeza desolada, ocre, sin querer pagar peaje en soledad.

***

Aló...Con quien, con quien estoy hablando, a quien, aló, a quien le grito que me rescate desta esfera. A quien le pido pon pal cielo ahora que estoy vestida de tierra, vestida de ocres, ahora que la arcilla amarilla de los diablos me ha convertido en jinetera de la melancolía. Por qué, Aló,con quien estoy haciendo que voy pa donde voy y sola y para qué son estas rutas de sonido, aló y este salto . Sáqueme de aquí, colgando, auxilio pon pal cielo, con quien, auxilio, aló, con quien se llega al cielo...

Pon pal cielo
(Nuevas cantigas de amigo)

Monday, March 05, 2007

Paula Jiménez, Argentina


De Desencanto

4.

El cuento de la cabra que reencarna
en el hombre que azotará a la cabra
no me deja tranquila,
el círculo que nadie corta,
pero si un día estallara este planeta,
el calor de su centro lo incendiara
o el agua lo anegara hasta pudrirlo
¿a dónde iría a parar
nuestra energía, toda esa muerte
con tanto porvenir?

6.

Mejor es ser conciente, observar
la cotidiana conclusión de las cosas
que se avienen con la luz
y terminan en la sombra. Cada día
se aprende de esto,
solamente hay progresión hacia la noche
cerramos los ojos y olvidamos la vida
y la materia,
no sólo eso que nos rodea
sino lo que somos, es decir
lo que no será.

De La mesura

III

Desde la costa veo el mar
más grande que imagines,
un círculo perfecto que no cierra.
Y veo salir el sol, lo veo caer
por su cara contraria,
la luz hace un camino y lo pequeño
se vuelve desmesura. En ella cabe todo
pero la luz da vida a sus detalles nimios
como un foquito en este cuarto
hace brillar el reloj sobre la mesa,
su pulsera de plata y el vidrio
refractado en la pared, inquietamente.
Tendrías que llevártelo, tendrías
que intervenir acá donde es posible,
donde el reloj y yo, los dos insomnes,
sentimos extravío
como en la inmensidad.

………………..

coda

El viento va hacia el agua y el día a la noche,
así todas las cosas que se miden, se siguen
mutuamente
sin encontrarse nunca.


De La mala vida

Una noche queríamos comprar
merca y entré a un conventillo
de tres o cuatro pisos,
las escaleras circulares daban
a los palieres anchos y en las puertas
de las habitaciones había mesas
donde atendían los punteros. ¿Qué pasa
si no vuelvo? pensé, nadie se entera.
Una mujer sacudía su vestido
apoyada en la baranda y un pendejo
paseaba en un triciclo. Trancé, después me fui
y como si fuera
a convertirme en la estatua de sal
del Evangelio o en la chica
de piedra del Abasto, no miré atrás
al descender. Pura superstición
o miedo de andar
mostrando el miedo. No sé, fijé la vista
y sin chistar
bajé. Me acompañaba un eco que era mezcla
de risas, voces, cacerolas, una vida
de esas donde nadie
está solo. Podía imaginarme un patiecito
con piso de baldosas, el interior roído
de un living comedor, la tele
prendida, una familia.
Yo a veces siento
envidia de esas cosas.

Teresa Calderón, Chile

UN POETA ES UN POETA

poeta de tiempo completo
peso completo
poeta medio gallo pesado

Poeta virgen
que le copia a todos

Poeta pendenciero belicoso curagüilla
bacán tollero fulero
hombre mujer
de la calle la ciudad rural de la academia
unión chica

Poetas que no están ni ahí con nadie
y nadie está ni ahí con ellos

Poeta de las alturas torres san Borja del Paine
de las bajas pasiones poeta mayor mayorcito
menor de edad
posmoderno filibustero

Poeta con horario de oficina
ni se movió de su escritorio.

UN POETA ES UN POETA

un tipo que se las cree todas
se pasa películas
y llora como ninguno

cree
que la poesía es una isla
hay que llegar como sea

A aletazo limpio aplica la eutanasia

En su opinión casi todos los poetas son malena
les falta algo
descuidan el oficio
no tienen nada que decir
y sus proyectos son poco interesantes
en fin
su existencia viene a ser de suyo irrelevante.

ALGO ASÍ COMO QUE

un poeta es un poeta
y dos son multitud.

EL POETA ES UN DIOS CUANDO SUEÑA

y un mendigo cuando piensa

Cuando piensa cómo liquidarle la reputación
a otro poeta

Cuando se alegra si el amigo poeta le confiesa
ya no estoy escribiendo poesía

Cuando piensa que él es único
y destinatario de todos los honores
lógicamente
instalado en una época
incapaz de comprender
tal dechado de virtud y maravilla

Cuando piensa
que él y sólo él
es el Poeta.


Del libro: El Poeta, la Muerte y otras Maravillas

Sunday, March 04, 2007

Selva Dipasquale, Argentina


Cuando era
joven
Oropélida
no pensaba nada.

Con una lamparita
la madre
le iluminaba
tanto
el cerebro
que le era
imposible
ver
sus propias ideas.


El padre

no le dirigía

la palabra.

***

Una madrugada, mientras transitábamos una ruta cordobesa, Pupé y Oropélida convocaron a un gran genio

mono.

El genio era muy bueno y se divertía con nosotros. Levantaba torpemente en el aire, con sus garras peludas,

el cochecito en el que íbamos.


Concedía

todo lo que le era pedido.


Aunque Pupé estaba realmente asustado, como es muy respetuoso, no decía nada y dejaba caer los párpados

cuando el genio lo miraba. En cambio Oropélida no paraba de pedir incluso en otros idiomas. Se había puesto

un bonete y los miembros de su cuerpo terminaron enredándose con sus propias palabras, convirtiéndose en

una araña verde venenosa

pero graciosa.


Así seguimos durante días en ese vaivén y yo no hacía más que vomitar.

Gracias al genio conseguimos tener un Citroën azul, uno rojo y uno amarillo.

Hasta que un día comenzó a llover y Oropélida a reclamar en sueños, debajo de su baba transparente, autos y

más autos.


El genio, que era alérgico y sensible, se deprimió y como ya no podía responder, salió corriendo bajo la

lluvia y en un arroyuelo cordobés se suicidó.

****

Un día Oropélida decidió tirar la casa por la ventana. Varios vecinos murieron bajo el peso de las cacerolas. Y

cuando lanzó el lavarropas se derribó un pino sobre una casa. El barrio fue declarado en emergencia.

Oropélida se salvó de ir a la cárcel alegando problemas psicológicos pero nunca escarmentó.

Nadie se explica por qué en días de luna llena aparece en la vereda un trapito rejilla

nuevo.


Yo vi una noche a Oropélida inmersa en su rito:

se perfuma despiadadamente

desnuda, sale al balcón

mira sin mirar


tira algo

propio o ajeno

(si es querido mejor)

cierra los ojos para no sentir vértigo

y se ratifica que

ningún acto de amor

es posible.

Saturday, February 24, 2007

Macky Corbalán, Neuquén, Argentina


La mordedura

Anda, en apariencia,
indemne. No advierte
aún el rastro de sangre,
la herida ni el sigilo del paso
tras de ella.

(Como mil flores, 2007, en imprenta)

***

Olfateo hondamente el aire, busco
los datos que permiten al pájaro
la vida. Dirección, sentido, peligro,
alimento, todo uno
en las especias del aire.
Pesada y sin plumas, voy en desventaja,
no crean que no lo sé. Pero, también
empecinada, sé de lo que se trata la vida,
y voy por ello.

(El acuerdo, 2007, en imprenta)

***

Soñaba, cuando niña, con un país
de lluvias constantes, atronadoras
luces en el cielo negado de la noche,
iluminando mi temblor; mis manos
bajo la sábana, huyendo de abstracciones
y conceptos, como la luciérnaga, sabían
producir luz en contacto con el oxígeno.


(El acuerdo, 2007, en imprenta)

Tatiana Cumsille, Chile


Santa Paula, Patrona de las Viudas

La euforia de las viudas
Dedicado a Hortencia, Gabi,Paulina...

Y todas las viudas de amores imperfectos.


Las mujeres podemos pelar al vecino. Cuando nos enojamos, embriagamos o enamoramos, hablar más de la cuenta, ufanarnos ante nuestras amigas de lo buen amante que es nuestra pareja, o quejarnos de lo pésimo que coge, o lo mal proveedor que es y lo machista. Pero hay cosas que no le contamos a nadie, ni a nuestra mejor amiga, nuestros errores por ejemplo, las pequeñas grandes humillaciones diarias que recibimos, el maltrato físico de nuestros esposos por ejemplo. Tampoco hablamos de nuestros sueños rotos, del príncipe azul que nunca llegó, de los recovecos de nuestra alma, ni de nuestras envidias. años de mala convivencia sólo para que los demás no vean nuestras debilidades ni nos compadezcan, ni vean el mal estado de nuestra alma que nos impide tomar decisiones, ni el mal estado de nuestra voluntad que nos deja como pajaritas a merced de las bestias. Todo eso somos capaces de callar, y atesoramos nuestro rencor como alimento, el rencor y el dolor que nos hacen saber que estamos vivas en las peores circunstancias, si duele es que existimos. Podemos mascullar entre dientes nuestro odio y poner la mejor cara si es necesario, podemos mentir para salvarnos, para disimular que hemos fracasado, que nuestra vida es una mierda y que el marrano que escogimos por compañero también lo es, pero lo defendemos si es necesario, para no admitir ante los demás que nos equivoSomos capaces de callar profundamente y masticar a solas el chocolate amargo de las frustraciones. Somos capaces de soportar camos. Y así, si tenemos suerte, sobrevivimos, al escarnio social y al tarado que nos robó la vida, la belleza, la juventud y los sueños. Y si tenemos suerte sobrevivimos a nuestra propia incapacidad.
Callamos sus infidelidades y hasta queremos a sus amantes, porque nos dan respiro y nos permiten gozar de nuestra soledad. Todo eso somos capaces de callar. Y si tenemos suerte, y el pastelito estira la pata, se va cortado, se muere antes que nosotras, nos deja su pensión, un seguro de vida o todos sus mezquinos bienes, con los que pagaron nuestro silencio y nos protegieron de la sociedad, menos de ellos.
Se lo agradeceremos poniendo nuestra mejor cara de viudas, aceptaremos que nos den golpecitos en la espalda para consolarnos, se lo agradeceremos dejando que la o las otras se acerquen a la urna para despedirse y derramen unas lágrimas. Ellas, que obtuvieron solo lo bueno, menos el contrato matrimonial, que obtuvieron al hombre que él no podía ser. Ellas no podían tenerlo del todo, y él tampoco. Se llevaron lo mejor y no nos importa, debieran agradecernos que nosotras fuimos la piedra de tope del individuo y las libramos de su ira. Ya nada nos importa, nos sentimos aliviadas. Estamos agradeciendo a Dios y la Virgen haber sobrevivido y que aún corra sangre por nuestras venas. Estamos agradeciendo al tipo que haya tenido el gesto de morir antes que nosotras y aún darnos tiempo para respirar en libertad.
Entonces pondremos nuestra mejor cara de viudas, guardaremos luto por un tiempo razonable y para no sentirnos culpables recordaremos sólo lo recordable. Poco a poco botaremos a la basura la telaraña en que nos enredamos, seremos dueñas de nuestra casa y nuestros horarios, seremos dueñas por fin de nuestras vidas, comeremos lo que queramos y no lo que a él le gustaba, esas repugnantes prietas por ejemplo. Poco a poco iremos recobrando la cordura y obtendremos nuestro premio, que es la tranquilidad y el dominio sobre nuestras existencias.
Seremos las perfectas viudas, dignas, solitarias y sonrientes. Porque volver a meter un hombre a nuestras vidas, jamás. Los demás nos mirarán con respeto por la devoción de nuestro luto, por la sobriedad de nuestros sentimientos, por la elegancia de nuestra soledad. Jamás sabrán que ahora somos felices y que estamos cagadas de la risa.

Nunca se vio a la Queca tan alegre, ella siempre sombría y cabizbaja, pasó rauda y sonriente con el pelo al viento.

Wednesday, February 21, 2007

Ana María Vilchez, Chile


La reconstrucción

Parar para reconstruirse,
así lo verbalizó
cuando con una camionada de material
me mandó a re-estudiar mi propuesta.
Claro que lo entiendo - le respondí -
pero de mí no volverás a tener nada.
Nada de nada.
Se acabaron las retroexcavadoras,
las betoneras y las palas mecánicas.
No soy mujer de usar casco verde.
Me gustan las camionetas 4x4
y los cascos dorados, creo.
Es más, te confieso, nunca me atrajo la construcción.

Bueno, después de esto - obvio- no le quedó más
que sacar su cartelito de cuarta y colgárselo al cuello,
ese que sutilmente dice:
“Disculpe molestias estamos remodelando para usted”.

“Del Otro lado de página”
Libro Taller de Poesía U. de Talca, Noviembre 2006.-


El cuerpo en tres

No me quisiste
Escribo
casi sin palabras
casi sin amor
el cuerpo partido en tres
el tronco en la silla
las piernas esparcidas por el suelo
y el corazón palpitando
sobre
una hoja manchada.


Infierno

El fuego ha quemado
mi voz.

Hay un silencio blanco
y una gota de sed
en la maleta que rehago
con las palabras chamuscadas.


Sin tiempo

Te fuiste
y no alcancé
a terminar de amarte.


“Duelo”
Editorial Mosquito, 2006.-

Monday, February 19, 2007

Hembros: novela instalación. Eugenia Prado, Chile


Somos cuerpos estallados, atravezados por infinidad de flujos que nos pulsan y nos impulsan, tensionados y torcidos, próximos desde corrientes opuestas, atraidos todos nuestros sexos entre laberintos sudorosos. Cuerpos que se rozan, hermosos, delineados y excedidos, elaborados en gimnasios, descarados y promiscuos, entre las ropas y el strech, agitados se aprietan, mecidos con otros y para otros, los cuerpos entre juegos prohibidos como dioses hermosos del olimpo, seducidos al compás de una música nada convencional en el consumo de precipitados hombres que se frotan. La sexualidad, es ahora nuestra mejor oferta, un asunto de los flujos ¿desde dónde éstos flujos estarían codificados? ¿desde dónde cortados contra fondos de cultura y de máquinas? Actuamos las pulsiones de esos flujos, recortados sobre fondos móviles, cambiantes, acechantes, amenazados, codificados y a contraluz. Atrapados en reiteradas cadenas de sentidos idénticas e insignificantes, como imágenes inmutables, significaciones de este mundo de posibles, entre roles móviles, categorizándolo todo. Nadie está a salvo en estas estructuras. Otros mirarán con un único ojo, prediciendo los peligros, simularán sus cuentas regresivas, nos prepararán como sus elegidos y aceptaríamos si así pudiésemos sentirnos mejor, elegidos desde centros aparecidos de la nada para una consecuente desprogramación. Caen despedazados los muñecos, rostros desfigurados, totalmente desfigurados, recibimos las señales. Un insecto se revuelca cerca de ojos enrojecidos. Pelos estirados como agujas, bordean sus famélicos pómulos. No hay razón más que la de avanzar cuando reconoces las imágenes impuestas e inmediatas, cuando tu rostro reluce estático, y el brillo impecable en tus dientes blancos, tan blancos. Musa incierta, hermoso hermafrodítico feroz, símbolo ad hoc para nuestra kitch age, respondiendo a las impuestas representaciones de paisajes familiares, imaginerías de padre y madre, fijaciones, regresiones, sublimándolo todo, hacia el inquietante vacío que nadie posee. Animando luchas miserables, ausencias, exclusiones recíprocas, los flujos se agotan, secados por el odio. Extrañas y dulces vivraciones inconscientes nos avanzan, hasta dar con otras finas y sutiles vivraciones. Nada de esto estaba previsto, existen otros a la cabeza, somos piezas frágiles en el entramado, no existe modo alguno de escapar. (Eugenia Prado)

Tendida mirando las estrellas




Dirección: Andrés Racz
Guión: Diamela Eltit
Coguionista: Malú Urriola, Alejandro Goic y Nadia Prado

Dirección: Andrés Racz

Guión: Diamela Eltit

Co-guionistas: Malú Urriola, Nadia Prado, Alejandro Goic

Alejandra Basualto, Chile


Fotografía: Magdalena Ladrón de Guevara

BOCA DE LOBO

Cuando busco la razón de ciertas cosas
me encuentro contigo
antigua seguridad de los lugares comunes
y tengo que dar vueltas tres veces a la manija
de mi cabeza que tiende a olvidarse

Busco entre los fuelles la testa vacila
hurgo entrecortadamente con los dedos
en los bolsillos del viejo cráneo
A primera vista todo está oscuro
revuelvo mil veces
trato de encender una linterna
Boca de lobo el cerebro se inquieta
(no es cosa de andar intruseando por las puras)
de buenas a primeras
se opone ante investigación tan rigurosa
¿Qué se creen?
No tienen derecho a interrogarme
Soy inocente. No guardo papeles
ni vestigios de cosa alguna que me incrimine
No hay nada
solo el tiempo que vaga transparente

Saturday, February 17, 2007

Rocío Silva Santisteban, Perú


Mariposa negra
Lima, Jaime Campodónico Editores, 1993.


El papel que he puesto sobre las ventanas ha quedado empañado
La humedad de su saliva sobre mis piernas, entre mis dedos
Se guarda y en pequeñas cavidades, destroza
Esto que a veces pretendo inventar. No, amor, no basta con lamer nuestros cuerpos,
No basta con patearnos y gritar, jadear hasta pulverizarnos
No, amor, No preguntes la hora después, no enciendas la luz, no hables, no pienses, no respires
Quieto
Deseo recorrer con mis sucias manos tu cuerpo inerte
Y sentir que mis olores te poseen, se incrustan entre tus vellos
Te deshacen.
Mi habitación rojiza se abre como una niña y espera
Pero este rojo tuyo no puede mezclarse ni sangrar, no puede
Rebajar esta brecha de tormento entre tu espacio y el mío
Tu saliva de nuevo sobre la palma de mi mano y tus ojos intentando
No amor
No basta con emitir gruñidos de animal en celo,
No basta con destrozar mi ropa en jirones al aire, no basta
Con inyectarnos veneno en este encuentro
No amor,
Cuando termino de escuchar la música que dejaste
Cuando corto un pedazo de pan y lo mastico para engañar mi furia
Cuando recorro con ojos lascivos la habitación en rojo
Y constato tu presencia en el interior de otra Habitación vacía, cuando
Enredo entre mis dedos el ansia y la distancia
Sólo la imagen de tu sombra estirada sobre el papel fucsia permanece en mi silencio
Y una mariposa negra, presagio de la muerte, me acompaña.

Friday, February 16, 2007

Rosabetty Munoz, Chile


Fotografía: Mariana Matthews


En Nombre de Ninguna

Y ésta es la Bernarda. Ella leyó en el diario una noticia
sobre el asunto de las guaguas botadas en basureros públicos
y se le contrajo de golpe el vientre vacío. Reclamó
en el juzgado al Primer Niño para acunarlo muerto, le puso
de nombre Aurora y lo enterró en un lugar sagrado para tener
dónde ir a dejarle flores. La tumba que compró es amplia para
que vayan llegando sus hermanitos.


La Sombra de la Hija

La sombra de la hija va cosida al costado
y murmura que nadie se muere la víspera.
Su ácida compañía es oleaje
en el mar espeso y opalino de la sangre.
Repite también que es falta grave
no dedicarse al amado, abandonarlo
en su ser finito, su pobrecito efímero.
Esta sombra pide ser sorbida
fusionada en mí. Ser amada de veras.
Le parece mezquino este gesto mío
de alargar la mano
y arreglarle un mechón
que cae sobre sus ojos.

Pequeño Retrato de la Ascensión de un Ángel

Dormido, de suave talante
sostiene una piedra en cada mano.
Allá abajo, en la terrosa humedad
una orla dorada rodea su cuerpo.
Las raíces susurran
los insectos suspenden su carcoma,
para contemplar la dulzura de este ángel.
(a pesar de los ojos abiertos
de sus labios coloridos
de su corona de flores frescas,
ya no está con nosotros)
Ahora que hemos visto cómo consiguió un nombre
cómo se hizo de una familia siendo ya cadáver,
ahora puede aflojar sus alas falsas
y dejar que la lluvia estropee el traje prestado.
Ahora es cuando se eleva entonando coplas
planeando sobre las cabezas de los asistentes.

Si no fuera por las cuatro velas encendidas
por las flores y el lavatorio debajo de la mesa
podríamos engañarnos:
esa cabeza reclinada en la almohada
ya no está con nosotros.
Quisiera el pequeño llevarse
hasta sus restos mortales
(para qué dejarlos, alivianados ya de su peso).
El nacimiento fue un breve paso.
En vuelo rasante pasó a recoger
un gesto de amor cualquiera
y dejó una cicatriz
esta línea finísima en el útero.
Misterios Gozosos
(Descansa en tu ala ahuecada)
Ese soplo que fuiste
se ha sumado a nuestro aire.
Tu nuevecito pulmón tiene ahora
el fuelle trabado.
Silencio en las cavidades.
Falta una mirada sobre las cosas:
la tuya.
Unos gramos perdió el universo
(aquí, donde todo es pérdida).
Cómo van a pesar tus obras
al final de los tiempos
cómo te van a pedir cuentas.

Adormecidos por el olor de las flores
el calor de las velas, el aguardiente
un poco ebrios
podemos ver cómo se acerca la barca
que viene a buscar al niño.
Los portadores tambalean
yendo al embarcadero.
Cegados por la luz del día
apenas notarán el traje descolorido.
Descansa y contempla
cómo los elementos se encargan
de borrar hasta tu nombre.

Poesía es +





Plaza Italia, 9 de octubre de 2002.


¿ Y SI LA JAULA ESTUVIERA SIEMPRE ABIERTA ?
Parque Forestal, viernes 11 de octubre de 2002


San Antonio, 12 de octubre de 2002: Los ojos son libres



Homenaje a los detenidos bajo dictadura en el Estadio Nacional, 15 de octubre de 2002
Malú Urriola y Nadia Prado
2002

Magdalena Ladrón de Guevara, fotógrafa. Chile

Encargo
No me des tregua, no me perdones nunca.Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves.¡No me dejes dormir, no me des paz!Entonces ganaré mi reino,naceré lentamente.No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante;tállame como un sílex, desespérame.Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.Ven a mí con tu cólera seca de fósforo y escamas.Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.No me importa ignorarte en pleno día,saber que juegas cara al sol y al hombre.Compártelo.

Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,lo que nadie te pide: las espinashasta el hueso. Arráncame esta cara infame,oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.
J. Cortázar
París, 1951/1952

Mira que si te quise fue por el pelo...
ahora que estas pelona, ya no te quiero.
(basado en la pintura de Frida Kahlo, Autorretrato con pelo cortado 1940).
Escrita por la pluma de la Poniatowska, Frida dice: "Las manos que ves tomaron la tijera y cortaron mi pelo, segaron los cabellos largos en el suelo, me vistieron de hombre, abotonaron los botones de mi bragueta y escribieron la canción: "Mira que si te quise fue por el pelo, ahora que estás pelona ya no te quiero". Todo lo pinté, mis labios, mis uñas rojo-sangre, mis párpados, mis ojeras, mis pestañas, mis corsés, mi desnudez, mi sangre, la sangre que salió de mi cuerpo y volvieron a meterme, los Judas que me rodean, el que cuida mi sueño en la noche, el Judas que me habita y no dejo que me traicione. Esta que ves nunca quiso ser como las demás; desde niña procuré distinguirme para que me pusieran en un altar. Supe siempre que en mi cuerpo había más muerte que vida. Desde pequeña me di cuenta, pero entonces no me importó porque aprendí a combatir la soledad. A un enfermo lo aíslan. A los amigos se les conoce en la cárcel y en la cama".


La muda
y la muda, enmudecida se mudó..., llevándose su muda.


Florencia Ferre, Argentina

Fotografía: Andrés Tatavitto


Del libro Seis meses té

Bahía
Una mesa es un cuerpo asible
aferrarse al material con desesperación
(esquirlas
correr a volar posiciones enemigas)
en la mesa vuelve a ocurrir
junto al fuego las manos heladas
dicen que el frío es una cualidad de los huesos
y no una medida de temperatura
(dejar a los más débiles y escapar
dispersarse
reagruparse en una nueva posición)

En la bahía
el frío
las medias puestas a secar en el pecho
un oscuro terror de los otros.
Y salir a hacer
el recuento de los muertos.
“—Y esto, ¿puede describirlo?
—Sí, puedo.”

Acaso hubo algo para decir
que se llevara esa niebla
que los rodea
que no deja ver
dónde hay mano
y dónde corazón
dónde hígado
o aire
cuándo la risa
despunta
y muerde
siete huesos en sus junturas
y descerraja cien y más enemigos
antes de la pantomima
de la guerra.

Tuvo entre sus manos tres tesoros:
una puerta
y un puño y un rostro
esquivo
o suplicante.



Cartas, borradores y observaciones del artista y dilettante extemporáneo Raoul Adams
Fragmentos



(…)
Pero he decidido dejarles el botín
y me
esfumo en el horizonte. Busco, rastreo, ando en ascuas. El largo
término vendrá.
Mañana,
después del verano, y ya en el mes
en-que-mueren-las-viejas, veremos. No se dónde paro. Algo saldrá.

A pesar de todo ando feliz, en calesita.

He salvado una gran ración de Prozac que saboreo con fruición de mañanita.
Conservo en un baúl una riquísima vida errante,
lo juntado luego de otra huida
(todo se repite como parodia, así que sólo me puede ir mejor).
Sacaré de allí algún conejo.
Hablando de la especie, ¿cómo estás?
¿Demasiado trabajo?
¿No te fuiste de vacaciones a la playa?
En todo caso habrás tenido
agua, granizo, long drinks.
Espero que estés bien,
sin un resfrío o dolor de cabeza. Te mando un abrazo.

El problema de la forma
Sí, como sugerís
Los elementos
Are we gonna let it serve us
Or you serve us
High as
High as
High as
Creo que es el cóctel de pastillas que tomo para ser más feliz, y que últimamente, pasada la crisis, me pone tenso y desubicado.

Pensé que estabas enojadísima, roja, púrpura con la desobediencia
de mis correcciones, y que me castigabas con silencio (tiens tiens).
Como no sabía si era así empecé, mi querida grinning Stella, a leer tus cartas como respuesta.
Pienso a veces que no nos decimos nada, que el tono íntimo no alcanza a pergeñar una voz para concluir mi texto…
Espero satisfacer tu avidez esta vez
Mi hijo a horcajadas de mis riñones y yo pensando en la corrección interminable y en tu posible respuesta.
Ojos atroces vigilantes verdes al sol y oscuros a la sombra.

(…)

Thursday, February 15, 2007

Ximena Zomosa, Chile

No soy Artista
Réplicas de resina, pelo y objeto.
Dimensiones variables
El Objeto y su Par, Galería Muro Sur, 2000, Santiago de Chile.





Cotidiana (Todo Lugar se Convierte en Hogar)
Instalación
Pelo, clavos, vestido
Dimensiones variables
Lugares de exhibición: Galería Posada del Corregidor (Santiago de Chile, 1997), Bienal de Sydney (Australia, 1998) y Galería Balmaceda 1215 (Santiago de Chile, 1998)


Si quieres ver el trabajo de la artista Zomosa, visita:

Li Qingzhao, (Dinastía Song, 1084-1151) China


Talentos femeninos de la antigüedad(III)

XINHUA-CRI

Li Qingzhao (1084-1151?), nació en una familia de letrados. Influenciada por la familia, creció en un medio matizado por la inspiración lírica, al punto que era capaz de recitar más de cien poemas siendo una niña. En su juventud fue asimismo versada en la interpretación con la lira, en el ajedrez, la caligrafía y la pintura y podía componer un poema en un abrir y cerrar de ojos.

los 18 años se casó con Zhao Mingcheng, hijo del Primer Ministro. Su marido era muy estudioso y empedernido coleccionista de objetos arqueológicos, entre los que conocía muy profundamente los grabados en bronce y piedra.
Los dos cónyuges se apoyaban mutuamente y economizaban el dinero para adquirir reliquias culturales. Qingzhao tenía una memoria mucho mejor que la de su marido para la historia. En las narraciones de Qingzhao se explica que, a manera de diversión, la pareja, sentada en el cuarto de estar luego de la comida, se hacían apuestas sobre quién sería el primero en beber el té, apostando en qué página de cuál tomo se encontraba tal artículo.


En medio de este ambiente armonioso, Zhao Mingcheng terminó el borrador de los Registros de los Grabados en Bronce y Piedra en 1117. Sin embargo, esta vida pacífica fue destruida por la invasión de los soldados de Jin, tras lo cual les sobrevino una retahíla de desgracias. En medio de la guerra sus reliquias culturales y su mansión fueron reducidas a cenizas. En 1129 murió de enfermedad Zhao Mingcheng. Li Qingzhao llegó por fin a Hangzhou con algunos objetos salvados y parte de los borradores de su marido.

Dedicó varios años a reordenar estos borradores e hizo algunas adiciones, publicando finalmente una voluminosa obra sobre grabados en bronce y piedra. Toda obra está compuesta por 30 tomos, que registran 2000 copias de grabados en bronce y piedra con 500 artículos.

Li Qingzhao escribió muchos ci en su vida y asentó su posición en su peculiar estilo, caracterizado por la sencillez del lenguaje y lo real del sentimiento, que destilan elegancia y gracia. Al echar la vista atrás, los contemporáneos no podemos dejar de sentir cierto remordimiento por las tribulaciones que vivieron las mujeres talentosas de la antigüedad. Sus capacidades intelectuales las hicieron famosas para la historia, pero a la par les acarrearon múltiples penalidades. Lo único que nos consuela es saber que tanta desgracia ha quedado sepultada en el pasado.
Con la melodía “arroyo de lavar seda”

El Festival de la Cocina Fría,
un día tranquilo y quieto en primavera.
Del brasero de jade se alza el humo
del incienso apagándose.
Y regresan los sueños hacia el monte
de la almohada florida.
Las alondras de mar aún no han vuelto;
a la puerta, la hierba ya está verde.
Las flores de ciruelo se han marchito,
los sauces florecieron;
al llegar el ocaso, una leve llovizna
en el jardín moja el columpio.
Entono el lamento
Fue entrada la noche cuando, intoxicada,
me quité mis ornamentos;
la flor de ciruelo marchita en mi cabellera.
Recuperada de la embriaguez,
el persistente olor del vino
interrumpió mi preciado sueño.
Antes de que mi alma soñadora encontrara
el camino a casa.Todo está tranquilo.
La luna permanece
y el tamiz esmeralda cuelga bajo.
Toco la flor marchita,
acaricio los pétalos fragantes,
tratando de regresar el tiempo perdido.

Magdalena Labbé, artista plástica, Chile











Monday, February 12, 2007

Carmen Berenguer, Chile



Santiago Punk
1.
Punk, PunkWar, war. Der Krieg, Der Krieg
Bailecito color obispo
La libertad pechitos al aire
Jeans, sweaters de cachemira
Punk artesanal made in Chile
Punk de paz
La democracia de pelito corto
Punk, Punk; Der Krieg, Der Krieg
Beau monde. Jet-set
rightistsJet-set leftists
Pantaloncitos bomba
Pañuelito hindú
Chaquetitas negras, Carlotitos
Liberalismo Taiwan
Balitas trazadoras para mantenerte
Cafiche marihuanero.

2.
FMI, la horca chilito en prietas
Tanguito revolucionario
Punk, Punk; paz Der Krieg
Whiskicito arrabalero
Un autito por cabeza
Y una cabeza por un autito
(BMW, Toyota, Corolla Japan)
Japonés en onda
La onda provi on the rocks
Rapaditos Hare Krishna Hare hare
Sudoroso mormón en bicicleta
Aleluya la paz
Palitos de chancho
Caldo de cabeza.
3.
Footing, footing a los cerros
Unemployment, 42ª street
La cultura viene de Occidente
La alameda Bernardo O'Higgins en el exilio
Alameda las delicias, caramelos candy
Nylon, nylon made in Hong-Kong
Parque Arauco Lonconao
Top-less cuchufletos, silicona
Rapa-nui en botellas
Colchones de agua en la cúpula
Coito colectivo.
4.
Pacos macumberos, lumeros
Cucas, guanacos, loros soplones
Der Krieg, Der Krieg; Punk, Punk
La raza old england toffee
Sampoñita lagrimera
Huayñito hard-rock
Police, police, Punk, Punk
Guitarrita beatle
Virgencita del Carmen
Patroncita del ejercito.

Claudia Masin, Argentina

París, Texas (La vista, Visor, Madrid, 2002)
(Basado en el film de Wim Wenders)
Me gustaría contarte lo que veo, hablarte
de los hoteles abandonados apareciendo de la nada
en el medio de la carretera como castillos solitarios
cuyos puentes levadizos hubieran sido
dinamitados hace tiempo. Me gustaría
contarte lo que veo pero es imposible
hallar un dolor que condescienda
a ser narrado. ¿Vale la pena entonces,
emprender tan largo viaje para ir de un extremo
a otro del silencio? También es imposible
callar por completo: sé que terminaré por llamarte,
como se llama a alguien cuando se está a oscuras,
sin el auxilio de la voz, un estremecimiento
semejante al de esas luciérnagas
que al chocar contra un parabrisas en la ruta,
se deshacen esparciendo una nube pequeña
de polvo y luz, y ésa -quizás- es su idea
de un encuentro.

Sunday, February 11, 2007

Orlando, Virginia Woolf



" Habiendo interrogado al hombre y al pájaro y a los insectos (porque los peces, cuentan los hombres que para oírlos hablar han vivido años su soledad de verdes cavernas, nunca, nunca lo dicen, y tal vez lo saben por eso mismo), habiendo interrogado a todos ellos sin volvernos más sabios, sino más viejos y más fríos -porque ¿no hemos, acaso, implorado el don de aprisionar en un libro algo tan raro y tan extraño, que uno estuviera listo a jurar que era el sentido de la vida?- fuerza es retroceder y decir directamente al lector que espera, todo trémulo, escuchar qué cosa es la vida: ¡ay! no lo sabemos. "

Saturday, February 10, 2007

Andi Nachon, Argentina


Sonics

Una cancha de basket en la noche. Quisiste ser
ese hombre negro y su salto
encestando preciso otro tanto. El vuelo
de tres pasos sobre el aire, sobre el mundo, allí: donde todo gesto sea necesario.Sólo hacerlo
y quien hace es:el estadio, las luces, esa distancia que separa el aro.
¿Cuántas veces habrías fallado?
Deseaste y supongo
tus manos habrán temblado. Quisiste otro cuerpo
la historia del joven negro, una casa en los suburbios y partidos
que invadieran la madrugada. Velocidad y poder
podrías decirlo: que la fuerza esté a tu lado
en el salto
en el poder encestar un último tanto.


de Taiga
©Andi Nachon

Djuna Barnes, la escritora desconocida más famosa del mundo

La soñadora

Cae la noche, en oscurecidas formas que parecen-
Tantear, con misteriosos dedos hacia la ventana -luego-
Descansan en el dormir, envolviéndome, como en un sueño
Fe mía -¡que yo pueda despertar!
Y gotea la lluvia con el mismo triste,
insistente ritmo.
Temblando a través del vidrio, inclinándose lacrimosa,
Y suave golpetea, como pequeños pies temerosos.
Fe mía -¡qué tiempo este!
El plumoso fresno aletea; allí sobre el vidrio,-
El fuego moribundo lanza un parpadeante rayo fantasmal,-
Y luego se cierra en la noche y la lluvia cae suave.
Fe mía -¡qué oscuridad!


(Harper’s Weekly, 1911)

Libro II, Safo




Me enamoré, Athis, de ti, hace mucho tiempo

Y me parecías sin gracia, como una pequeña niña
Sé que más tarde alguien se acordará de nosotras

Como el viento desenfrenado que en las montañas
cae sobre los bosques, el amor estremece mi ser.
No puedo decidir: hay en mí dos almas.

Hiciste bien en venir, pues te anhelaba y desfallecía
por este deseo que incendia mi alma.

El mal de la muerte, Marguerite Duras



Debiera no conocerla, haberla encontrado en todas partes a la vez, en un hotel, en una calle, en un bar, en un libro, en una película, en usted mismo, en usted, en ti, al capricho de tu sexo enhiesto en la noche que grita por un cobijo, por un lugar en el que desprenderse de los llantos que lo colman. Pudiera haberla pagado. Hubiera dicho: Tendría que venir cada noche durante muchos días.
Ella le hubiera mirado largamente, y después le hubiera dicho que en ese caso era caro.

Y después ella pregunta:
¿Qué es lo que quiere?
Usted dice que quiere probar, intentarlo, intentar conocer eso, acostumbrarse a eso, a ese cuerpo, a esos pechos, a ese perfume, a la belleza, a ese peligro de alumbramiento de niños que representa ese cuerpo, a esa forma imberbe sin accidentes musculares ni de fuerza, a ese rostro, a esa piel desnuda, a esa coincidencia entre esa piel y la vida que encubre.
Usted dice que quiere probar, probar muchos días quizás.
Quizás muchas semanas.
Quizás hasta toda la vida.

Ella pregunta: ¿Probar el qué? Usted dice: Amar.

Friday, February 09, 2007

Marosa Di Giorgio, 1932-2004. Los Papeles Salvajes


De ti sacaban las estrellas como tazas

Te conocí el día primero de mi infancia, a lo lejos te confundes con la abuela, de cerca eres el aparador de donde ella sacaba el almíbar y las tazas. De ti bajaron los ladrones; en ti vivían la Virgen María y los Tres Reyes: Melchor, Gaspar y Baltasar; de ti bajaban los pastores y los gatos, los gatos, serios como hombres, con sus bigotes y sus ojos de enamorados. Esclava negra sosteniendo criaturitas, inmóviles, nacaradas. Virgen María de velo negro, de velo blanco, allá en el patio. Eres la abuela, eres mamá, eres marosa, todo eres, con tu eterna juventud, tu vejez eterna, niña de comunión, niña de novia, niña de muerte. De ti sacaban las estrellas como tazas, las tazas como estrellas. Estuvo oculto en tus ramos el libro del destino. Te has quedado lejos, te has ido lejos. Pero voy retrocediendo hacia ti, voy avanzando hacia ti... Te veré en el cielo. No puede ser la eternidad sin ti.


Remedios Varo





(1908 – 1963) Figura del primer orden de surrealistas. Empujó limitaciones de lo racional en sus interrogaciones de los poderes metafísicos en la exploración de temas de alquimia y pitagorismo. En sus obras vemos identificaciones de la mujer con poderes misteriosos y regenerativos conectados a la naturaleza, como en Exploración de los orígenes del río Orinoco (Aranda 197). Ella rechazaba representaciones de la mujer impuestas por los hombres del movimiento surrealista, como Dalí y Bellmer, porque representaban la mujer como un objeto de deseos de los hombres. Ella pintaba la mujer en la perspectiva de su propia experiencia.

Leonora Carrington



No creo que uno pinte para alguien; pintar debe ser semejante a hacer zapatos. Una necesidad de conectar con las partes invisibles, los lugares invisibles de la psique humana, y nos vienen las imágenes, y hay una especie de impulso de comunicarlas... Pero no pretendo explicar esto, no sé explicarlo. Que cada quien lo explique a su manera, incluyendo a los críticos de arte, en los que no creo. A cada quien le sale lo que le sale.
¿El mundo que pinto? No sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mí.

Ayer, Agota Kristof

De todas mis mentiras, ésta es la más divertida: Cuando te dije cuántas ganas tenía de volver a ver mi país.
Tú parpadeabas, enternecida, y te aclarabas la voz buscando palabras reconfortantes y comprensivas. En ningún momento de la noche te atreviste a reír. Sólo por eso valía la pena haberte contado aquella historia.
Cuando regresé a mi casa, encendí las lámparas en todas las habitaciones y me puse delante del espejo. Me miré hasta que mi imagen se volvió borrosa e irreconocible.
Durante horas di vueltas por el cuarto. Mis libros sin vida estaban inclinados en la mesa y en las estanterías, mi cama estaba fría, demasiado limpia, ni hablar de acostarme allí.

Máscara negra, Marina Arrate




Para que me amaras
maquillé yo mi rostro de negro
y así pintada
ascendí de nuevo al escenario
monstruosa y deformada.

Quería mostrar lo negro
de mi oculto rostro
(Atrás las maquilladas capas).
Quería ser
mimo del terror,
ser fascinante.

Ahora,
de espaldas a ti,
miro el guante negro que cubre
la superficie blanca de mi brazo
de mi brazo níveo de pura porcelana
cristalina de China
y en el cuerpo
delgado y nervioso
el vestido negro que ajusta
como otro guante
la silueta contoneante
de la predilecta lujuriosa.

Un abanico antiguo de conchaperla
remolineo en mi muñeca
y e el aire se muestran
los revueltos pelos de mi axila.

Pero es mi espalda la que te enfrenta, observa,
mi espalda curva
insinuante y desnuda.

Parque Central, Eugenia Brito




Abandonada de ti
te llevo en mi
como la antigua Venus
su belleza en los brazos rotos
sabiendo que al final de mi
me esperas tú
para cortármelos.

"Vía Pública"

La sorpresa Clarice Lispector


Mirarse en el espejo y decirse deslumbrada: qué misteriosa soy. Soy tan delicada y fuerte. Y la curvatura de los labios conservó la inocencia.
No hay hombre ni mujer que no se haya mirado en el espejo y no se haya sorprendido consigo mismo. Por una fracción de segundo nos vemos como un objeto a observar. A esto lo llamarían tal vez narcisismo, pero yo lo llamaría: alegría de ser. Alegría de encontrar en la figura exterior los ecos de la figura interna: ah, entonces es cierto que no me imaginé, yo existo.

Así... de Eugenia Prado

Así, al reverso de la historia, la una, decidió que el rumbo debía ser hacia el continente. Sacó vida entonces desde sus descascaradas aletas y decíase a sí misma durante la noche, que aquella precisa noche recibiría los perfumes derramados a borbotones y ciertos ungüentos de pócimas secretas. Inquieta ya de armarios sin conversaciones y un enorme silencio, buscaba ella la una, eso otro que había de aparecer ahora que los años pesan y las ideas están repletas. El goce desplazaba su frutoso centro como corresponde a una fémina furiosa. Esta vez se iría hacia el lado de las formas, dispuesta a concebir más de algún arrebato. En cinta el habla instalada con acierto y capaz de todo, cubría sus arterias con vehemencia, entonces, furiosas y antiguas las decapitadas se iban filtrando entres capas y más capas de inagotables condiciones. Brillábanse de vez en cuando y salían algunas, sólo las más bellas, adornadas de suntuosas gasas y de elegantes prendas. Veríanse los trapos distintos, menores los adornos, mayores las intenciones. Luego, particularidades muy finas de la letra y pequeñas modificaciones del lenguaje, en reemplazo de las consonantes. Se percibe en el ambiente la furia, su odio. Sus mordidos y amoratados labios de ficcionada medusina. Era un estado completo, un estado de las cosas modificándose. Menester entonces era armarse de las fuerzas indocumentadas de las pasantías y los desiertos, distantes los caminos de cualquier acomodo. Su mirada entonces brincaba y saltaba haciendo sus malandronasos, corriendo como las abuelas a los cuatro vientos, pero esta vez más suelta de precipitadas intenciones, descalabradas ideas y pocas, muy pocas palabras. Un estado completo de las cosas cuando extraviadas avanzaban sin destino, dudosas o mezquinas de conceptos pero dulces y muy a gusto en el arriesgado gesto. A fuerza del estallido y la condición de atropellarse brutalmente, sus débiles arterias podrían devastar el pequeño estanque, hacer que el corazón sangre lento sus imágenes, agotando cualquier posibilidad de empatizarle. Cierra círculos concéntricos y helicoidales. Estereotipados sus círculos se abren y cierran entre ayer y hoy. Cambiaría otra vez sus pieles y se iría adentrando en las cosas, desde hoy saliendo en un acto de total sacrificio sería otra vez héroe de los suyos. Concéntricos y helicoidales sus círculos se abren entre ayer y hoy dibujados de letras y de páginas, cuando abierta y astillada cae, puesto el cuerpo, el propio cuerpo, otra vez en el mundo. Y allí lucía altiva la desvergonzada, dispuesta a matar, cuando los estados del ánimo y las pérdidas serían pavorosas y el mundo para algunos aterrorizante. Entonces a pintar, o dibujar sobre lo que sea, pieles o mandalas decía ella la una sonriendo, a bailar nuestras espeluznantes disonancias.

“Bracea” de Malú Urriola, pronto a publicarse

J.P. Junior




Junior se inventó el J. P. antes del Junior.
Lo sé porque dejo pasar unos meses y le vuelvo a preguntar y me dice que se llama Juan Pedro, otras, Josef Paul, o Jeremías Prudencio… J. P. dice cualquier cosa.
J. P. tiene piernas sólo hasta las rodillas. Luego lo sostienen unos maderos sin músculos, ni carnes. Ya casi no puede moverse. Por eso se pasa la mayor parte del día contándonos historias, cosas que tal vez ocurrieron pero que la memoria siempre deforma.
Cuando nosotras no lo miramos, él saca unos bastones de debajo de la mesa que tiene a su lado, cubierta con un fino mantel que nuestra madre le bordó. Nosotras sabemos que cuando J. P. quiere levantarse debemos mirar al techo, o hacia el lado, lo suficiente como para dejarlo sacar sus bastones e incorporarse con la dignidad de no ser observado en una ruina ávida de equilibrio.
J. P. no pudo jamás sobreponerse a la desgracia de haber perdido sus piernas.
El decía que las había olvidado en alguna parte. Que una mañana al levantarse, llegó hasta el baño, se cepilló los dientes y al mirarse la cara al espejo como todas las otras mañanas -esa bienvenida a la realidad de verse una arruga más, que constata la sobre vivencia de los días recientes y de esos ya tan alejados y poco probables-. Estaba meditando estas cuestiones matutinas cuando se dio cuenta que no tenía las piernas.
Así se pierden las cosas, nos dijo.
Un día, de pronto, ya no están.


Del libro “Bracea”, pronto a publicarse

Monday, September 18, 2006

Mano de Obra / Diamela Eltit



La naturaleza del súper es el magistral escenario que auspicia la mordida. Oh, sí, los pasillos y su huella laberíntica, la irritación que provoca el exceso (de mercaderías por supuesto), los incontables árboles (artificiales pues) con sus luces inocuas. La música emblemática y serial. Un conjunto armónico de luces (de colores) correctamente conectadas a sus circuitos actuando de trasfondo para abrir el necesario apetito que requiere la fiera. Y aquí estoy yo, en plenitud, protagonizando el espectáculo intransable de las horas.

14 o 16 horas en que me apego a esta, mi segunda casa, con los pies casi completamente destrozados. Y los brazos. Cargo no sé que porcentaje ya de toneladas, digo, el azúcar, los tarros, las bebidas. Y los chocolates. El pan cargo. Cargo mi ira, mi odio mi miseria. Cargo con todo. Estoy abajo, en pleno ruedo mientras el animal maúlla su apetito. No es cruel en realidad. Sólo la mueve la invasión de un tipo de hambre externa e insaciable. Un apetito ultra estimulado por el reflejo estrepitoso de las luces. Hoy se precipita la masa compradora convencida por la ilusión de un bosque inscrito en el falso ramaje de los fugaces arbolitos.

16 horas. Continuadas.
16 horas cronométicas.

Como un inamovible enfermo terminal permanezco conectado artificialmente a mi horario. Quizás demasiado pálido, posiblemente en algo tembloroso, pero ¡vamos! atento, cordial, empecinado en la sonrisa para cubrir las horas que me restan. Ya no habito dentro de mi mismo. Estoy enteramente afuera, dando vueltas. Me doy vueltas y vueltas para cumplir, satisfacer. ¡Qué orgullo laboral!

Thursday, July 06, 2006

Lumpérica / Diamela Eltit



LUMPÉRICA
Su cintura es a mi cintura gemela en su desgaste, diversa en su medida. En todo caso irreductible, su cintura se establece provocadora al demarcar zonas erógenas en el balanceo que da cabida al torso y al desplazamiento de los muslos. Pero nadie podría descubrir allí ninguna forma de belleza porque su cintura es connotada por su amorfidad, nada hay en ella que solace la mirada o que la detenga en ese punto y al no proponer el vuelo de la imaginaría, su cintura permanece como la mía inexplorada.

Su cintura es a la mía gemela en su inexistencia.
Su cintura es un punto definitivo de abandono.
Su cintura es la penitenciaría/ es el éxtasis del final.
Su cintura es gemela a la mía en la pertinaz insistencia
en esta vida, es marginación.
Su cintura ¡ay su cintura! Es gemela a la mía en la transparencia al alma.
Su alma es material.
Su alma es establecerse en un banco de la plaza y elegir como único paisaje verdadero el falsificado de esa misma plaza.
Su alma es cerrar los ojos cuando vienen los pensamientos y reabrirlos hacia el césped.
Su alma es este mundo y nada más en la plaza encendida.
Su alma es ser L. Iluminada y ofrecerse como otra.
Su alma es no llamarse diamela eltit/ sábanas blancas/
cadáver.
Su alma es a la mía gemela.










Clarise Lispector


... Estoy buscando, estoy buscando. Intento comprender. Intento dar a alguien lo que he vivido y no se a quién, pero no quiero quedarme con lo que he vivido. No se qué hacer con ello, tengo miedo de esa desorganización profunda. Desconfío de lo que me ocurrió. ¿Me sucedió algo que quizá, por el hecho de no saber como vivir, viví como si fuese otra cosa? A eso quería llamarlo desorganización, y tendría yo la seguridad para aventurarme, porque sabría después a dónde volver: a la organización primitiva. A eso prefiero llamarlo desorganización, porque no quiero confirmarme en lo que viví: en la confirmación de mí perdería el mundo tal como lo tenía, y sé que no tengo capacidad para otro.
Si me confirmo y me considero verdadera estaré perdida, porque no sabría dónde encajar mi nuevo modo de ser; si avanzase en mis visiones fragmentarias, el mundo entero tendría que transformarse, para que ocupase yo un lugar de él.
He perdido algo que era esencial para mí, y que ya no lo es.