Así, al reverso de la historia, la una, decidió que el rumbo debía ser hacia el continente. Sacó vida entonces desde sus descascaradas aletas y decíase a sí misma durante la noche, que aquella precisa noche recibiría los perfumes derramados a borbotones y ciertos ungüentos de pócimas secretas. Inquieta ya de armarios sin conversaciones y un enorme silencio, buscaba ella la una, eso otro que había de aparecer ahora que los años pesan y las ideas están repletas. El goce desplazaba su frutoso centro como corresponde a una fémina furiosa. Esta vez se iría hacia el lado de las formas, dispuesta a concebir más de algún arrebato. En cinta el habla instalada con acierto y capaz de todo, cubría sus arterias con vehemencia, entonces, furiosas y antiguas las decapitadas se iban filtrando entres capas y más capas de inagotables condiciones. Brillábanse de vez en cuando y salían algunas, sólo las más bellas, adornadas de suntuosas gasas y de elegantes prendas. Veríanse los trapos distintos, menores los adornos, mayores las intenciones. Luego, particularidades muy finas de la letra y pequeñas modificaciones del lenguaje, en reemplazo de las consonantes. Se percibe en el ambiente la furia, su odio. Sus mordidos y amoratados labios de ficcionada medusina. Era un estado completo, un estado de las cosas modificándose. Menester entonces era armarse de las fuerzas indocumentadas de las pasantías y los desiertos, distantes los caminos de cualquier acomodo. Su mirada entonces brincaba y saltaba haciendo sus malandronasos, corriendo como las abuelas a los cuatro vientos, pero esta vez más suelta de precipitadas intenciones, descalabradas ideas y pocas, muy pocas palabras. Un estado completo de las cosas cuando extraviadas avanzaban sin destino, dudosas o mezquinas de conceptos pero dulces y muy a gusto en el arriesgado gesto. A fuerza del estallido y la condición de atropellarse brutalmente, sus débiles arterias podrían devastar el pequeño estanque, hacer que el corazón sangre lento sus imágenes, agotando cualquier posibilidad de empatizarle. Cierra círculos concéntricos y helicoidales. Estereotipados sus círculos se abren y cierran entre ayer y hoy. Cambiaría otra vez sus pieles y se iría adentrando en las cosas, desde hoy saliendo en un acto de total sacrificio sería otra vez héroe de los suyos. Concéntricos y helicoidales sus círculos se abren entre ayer y hoy dibujados de letras y de páginas, cuando abierta y astillada cae, puesto el cuerpo, el propio cuerpo, otra vez en el mundo. Y allí lucía altiva la desvergonzada, dispuesta a matar, cuando los estados del ánimo y las pérdidas serían pavorosas y el mundo para algunos aterrorizante. Entonces a pintar, o dibujar sobre lo que sea, pieles o mandalas decía ella la una sonriendo, a bailar nuestras espeluznantes disonancias.
No comments:
Post a Comment